Contemplar el Evangelio de hoy (16/09/2012)


Escuchar Evangelio de hoy

¡Muy buenos días nos de Dios a todos los hermanos!

La paz con todos vosotros. Una vez más el Señor que es el camino, la verdad y la vida, me explica como salvarme. Y yo siendo egoísta quiero mi salvación, pero justo me dice:

“quien busque salvarse se perderá y quien se pierda por mi se salvará”.

Es decir que solo si me niegue a si mismo, osea que no sea egoísta, y le siga en el amor, cargando con alegría mi cruz y ayudando al prójimo, solo así me salvaré. Señor que mi egoísmo desaparezca, raíz de todos los males.  Amén

Te presento en este día a mis hermanos por los que rezaremos: Carol, Elena, Juan Manuel, Camilo, Lucas, Luz María, Eva, Luis, Gabriel, Elena, Elvira, P. Luis de Jesús, Francisco, Miguel Angel, Miriam, Francisco, Nuria, Lali, Alejando, Margarita, Alfonso, Concha, Ángeles, May, Tacho, Rodrigo, Gonzalo, Azucena, hijo de N&I, por Adriana, por mi y por todos nuestros hermanos, en especial los que están de vacaciones.

Intenciones:

  • Orar por la paz.
  • Orar por la paz en el mundo.
  • Orar por la paz en las familias.
  • Por las conversiones.
  • Por los bebes no nacidos.
  • Por no ser egoistas.

Día litúrgico: Domingo XXIV (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,27-35): En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas». Y Él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo».

Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará».

 

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