Salmo 1. Dichoso quien confía en el Señor.


Salmo 1,1-2.3.4.6.

R/. Dichoso quien confía en el Señor.

Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos. R/.

Es como un árbol plantado junto al río,
que da fruto a su tiempo y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito. R/.

En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo. R/.

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San Ignacio de Antioquía


San Ignacio de Antioquía

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San Ignacio de Antioquía 
San Ignacio de Antioquía firmaba el 24 de agosto la carta que escribía, hacia el año 110, a los cristianos de Roma, a la Iglesia «que preside en la caridad», suplicándoles que no hicieran valer su dignidad para alejarle del martirio:  «Dejadme que reciba la luz pura. Mi deseo terreno ha quedado crucificado, y ya no queda en mí sino un agua pura que murmura: Ven hacia el Padre», «Contentaos con pedir que tenga fuerza, a fin de que sea cristiano no sólo de nombre, sino en la realidad».   Al tratar de Ignacio de Antioquía no es que se hable de él, se le escucha, puesto que confió a las páginas que escribió camino de su martirio uno de los más hermosos cantos que jamás hayan salido de un espíritu humano.   Himno de amor a Cristo y a su Iglesia; Ignacio nunca separa ambas cosas. Para él la señal infalible del amor de los bautizados hacia el Señor y la presencia del Espíritu en ellos consiste en la unidad de cada una de las Iglesias en torno a su obispo, y la de todas ellas en la única Iglesia:  «No tenéis que tener sino un solo sentir con vuestro obispo», escribe a los Efesios.   Les felicita, por otra parte, pues se encuentran estrechamente unidos, «como la Iglesia lo está con Jesucristo y Jesucristo con su Padre, dentro de la armonía de la unidad universal.».   Muy famoso entre los primeros mártires, quizás sirio de origen, probablemente discípulo de los apóstoles, y el cristiano de mayor reputación en tierras de Oriente después de la muerte de san Juan. Por eso debió de ser llamado como obispo a la sede de Antioquía, que había presidido el propio san Pedro.   La verdad de san Ignacio no está en esta identificación, sino en el hecho bien documentado de su largo viaje hasta la muerte, después de su condena, desde Antioquía a Roma, pasando por las costas de Asia Menor y Grecia, con una parada en Esmirna.   Su destino era morir en el circo romano para celebrar los triunfos del emperador Trajano en la Dacia, y en el curso de la navegación escribe cartas que son uno de los testimonios más impresionantes de la fe ante el martirio que nos ha legado la Iglesia primitiva; en especial la que dirige a los fieles de Roma, pidiéndoles que no intercedan por él a fin de que «nada me impida ahora alcanzar la herencia que me está reservada».   Custodiado por feroces guardias, «los diez leopardos», como él dice, Ignacio, sin alardes de jactancia ni gestos estoicos, ve la vida y la muerte como cosas entregadas, que casi no le pertenecen.


Oremos 
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que el testimonio de los mártires sea el honor de todo el cuerpo de tu Iglesia, concédenos que el martirio de San Ignacio de Antioquía, que hoy conmemoramos, así como le mereció a él una gloria eterna, así también nos dé a nosotros valor en el combate de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 

Contemplar el evangelio de hoy (17/10/2012)


¡Muy buenos días nos de Dios a todos los hermanos!

La paz con todos vosotros.

La verdadera humildad de corazón es más sentida y vivida interiormente que al exterior. Cierto, es preciso mostrarse siempre humilde en presencia de Dios, pero con esta falsa humildad que no conduce más que al desaliento, agotamiento y a la desesperación. Debemos tener una mala reputación de nosotros mismos, no hacer pasar nuestro propio interés antes que el los demás y juzgarnos como inferiores a nuestro prójimo.

Si es cierto que nos hace falta mucha paciencia para soportar las miserias de los demás, nos precisa aún mucha más para aprender a soportarnos a nosotros mismos. Ante tus cotidianas infidelidades, haz continuamente actos de humildad. Cuando el Señor te verá así arrepentido, extenderá su mano hacia ti y te atraerá hacia él.

Nadie merece nada en este mundo; es sólo el Señor quien nos lo concede todo, por pura benevolencia y porque, en su infinita bondad, nos todo

San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968) capuchino 
AP; CE 47

Gracias por tus palabras.  Amén

Te presento en este día a mis hermanos por los que rezaremos: Mónica, Marcelo, Alberto, Cristina, Mª José, Joaquín, Clayreth, Emilio, P. Cándido, Lucas, Laura, Pepe, María Ángeles, Esteban, Vanessa, P. Mauritania, Carol, Elena, Juan Manuel, Camilo, Gabriel, Elena, P. Luis de Jesús, Francisco, Miguel Angel, Miriam, Francisco, Nuria, Lali, Alejando, Margarita, Alfonso, Concha, Ángeles, May, Tacho, Rodrigo, Gonzalo, Azucena, hijo de N&I, Adriana, por mi y por todos nuestros hermanos.

Intenciones:

  • Orar por la paz.
  • Orar por la paz en el mundo.
  • Orar por la paz en las familias.
  • Por las conversiones.
  • Por los bebes no nacidos.
  • Por los hipócritas.

Día litúrgico: Miércoles XXVIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 11,42-46): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

Reto de amor: mirar a nuestros sacerdotes y orar por ellos


¡Buenos días!

Hoy el reto del Amor es mirar a nuestros sacerdotes y orar por ellos. Hace un tiempo en una revista vimos un anuncio de hacer una redacción sobre ¿ que es para ti un sacerdote? total que a medias con Sor María nos animamos, al concurso y la verdad, nos lo pasamos bien. Por ello hoy os lo compartimos. EL SACERDOTE ¿OTRO CRISTO?

La iglesia no está formada por un grupo de perfectos que no necesitan de nadie y todos nos necesitan a nosotros, sino por muchas personas santas y pecadores que dentro de nuestra pobreza damos el amor que recibimos de Dios aunque pasado por el tamiz de nuestras debilidades.

Un sacerdote es una persona humanamente igual que todos, nacido bajo el pecado original y recuperado a la gracia por el bautismo que le hace hijo amado de Dios, por lo cual tiene sus virtudes y sus defectos, pero hay algo diferente en un sacerdote, no sé lo que es, pero al mirar sus ojos tienen una mirada distinta, como si no miraran desde ellos y miraran desde Cristo que no se queda en las apariencias sino que ve el corazón, es una mirada con ternura y compasión. Sus oídos es como si cuando escucharan oyeran la voz de Cristo en la persona que sufre, en el que grita desde su soledad o en el que viene a anunciarles una buena noticia. Su boca tiene algo diferente como si saborearan la vida, disfrutan de las cosas pequeñas, los encuentros, los detalles, viven cada momento, pero se les nota que tiene la absoluta confianza de las promesas de la vida eterna. Su nariz es como si percibieran la bueno de la vida, con un espíritu de apertura, de esperanza porque saben que lo que da seguridad en sus vidas es vivir en las manos de Dios. Sus manos son como si Cristo acoge en ellos a todos los que se acercan, las tienen tendidas, abiertas, sin intereses porque saben que el centro de su vida es Cristo. Sus pies es como si fueran los de Cristo que van al encuentro de aquel hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y necesita ayuda. Pero sobre todo creo que es su corazón. Es como si fuera un poquito más grande y sólo se pudiera llenar por completo con el amor de Cristo.

Pero ¿de dónde sacan los sacerdotes este nuevo rostro, esa entrega continua, ese amor a todos, esa fe viva….?. Sin duda alguna que es de la Eucaristía, momento cumbre y precioso. Es lo más hermoso que hacen cada día, por unos minutos dejan de ser ellos para revestirse de Cristo y ser otro Cristo y por la fuerza del Espíritu Santo y su imposición de manos se da el milagro de que pan y vino se transforma en cuerpo y sangre de Cristo que se les da cada día y es un caudal inmenso de gracia para todos.

Los sacerdotes no son especiales por su gran plan pastoral o social sino por su capacidad de acogida de este Cristo eucarístico que se les entrega y se llenan de este manantial de gracias para luego repartir a los demás. Este Cristo es el que les da unos ojos nuevos, una boca nueva…. y un corazón nuevo cada día y así poder amar y entregarse desde El. Todo en su vida es gracia, es don de Dios y amor de Jesucristo y de María. Son estrellas en la noche de los hombres y las estrellas nunca pueden dejar de lucir.

En definitiva, más allá del como si el sacerdote es otro Cristo.

VIVE DE CRITO

 

Película: Comprométete (2002)


Estefanía y Tomás se aman, deciden casarse y tienen un hijo. A los ojos de todos son una pareja normal donde existe el amor sincero y pasional. Su vida parece perfecta, rodeada de amigos y familiares que siempre les dan consejos y expresan juicios. Pero todo esto va provocando que la pareja no tenga una vida privada, y todas estas reacciones van creando problemas entre ellos, poniendo a prueba y condicionando su amor.

Comprométete (2002) FilmAffinity.

Puedes verla aquí

http://es.gloria.tv/?media=281614