Reto de amor: tender una mano a alguien que no tengas afinidad


¡Buenos días!
Hoy el reto del amor es tender una mano a alguien que tengas muy cerca y no tenga afinidad con esa persona.
Muchas veces se nos cruza una persona y no hay manera de desatascarla y no sabemos que nos pasa pero la dejamos de hablar al día siguiente ni buenos días al otro menos…. Y al final un lío impresionante, pues hoy es un día para que rompas esas cadenas y ames a esa persona, se que te va a costar pero pídele a Cristo que te de sus sentimientos y desde el Don que Él te va ha regalar lo vas ha poder hacer pero no lo hagas desde tus fuerzas te aseguro que te la pegas hazlo desde el corazón de Cristo.

Y después encontraras la Paz en la mano que te tiende un amigo, en la mano que te acoge y te da calor, en la mano que te protege, el la mano que te cura, en la mano que agita tu mano, en la mano que en ocasiones tiembla, en la mano que te saluda, en la mano que te acoge en la mano que te agradece, en la mano que te acaricia y abraza, en…

Esas son las manos que te ayudan a encontrar la Paz. Cuida y conserva esas manos para que te acompañen en tú búsqueda. No les des la espalda y el camino será más fácil. Solo cuando tiendas tu mano a Cristo veras nuestra mano tendida hacia ti. Te quiero y rezo por ti

¡VIVE DE CRISTO!

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Cuaresma: Día 17º. VIERNES SEGUNDO (1 de Marzo)


Ver la oracion inicial y la oración final

Amar hasta el martirio. Los bandidos encuentran al padre Bressini en Canadá con un ladrón que se acababa de convertir al cristianismo, y a los dos los torturan. Fue un martirio lento y refinado: Un día es una uña arrancada, al día siguiente la falange de un dedo y así durante semanas. El padre Bressin¡ mandaba escribir así al Superior de los jesuitas: “No me queda más que un dedo entero, me han arrancado algunas uñas con los dientes. En seis veces han quemado seis falanges. Sólo en las manos me han aplicado el fuego y el hierro más de dieciocho veces y me obligaban a cantar durante el suplicio”.


Cuando le tocó el suplicio al ladrón decía: “Padre Bressini, ya no puedo más. Veo que voy a flaquear. ¡Pronto, pronto, Padre, muéstrame tus manos! Ellas me dicen cómo hay que amar a Dios”.

Cuando miramos un crucifijo, al ver clavadas las manos y los pies y la cabeza con las espinas deberíamos decir como el joven ladrón:
“En tu Cruz veo cómo me has amado, Señor. Tus llagas me darán fuerzas para seguir aguantando -amando- las pequeñas cruces que permitas en mi vida”.

Continúa hablándole a Dios con tus palabras