Reto de amor: bodas de oro


Hola buenos días hoy nos lleva al Señor Sión que pases un feliz domingo.
BODAS DE ORO

Dentro de unos pocos días, un hermano dominico muy amigo de la comunidad celebrará sus Bodas de Oro Sacerdotales.

Al principio no quería hacer nada especial: “algo muy sencillito… que quién soy yo para más… ”

Me impresionó muchísimo su actitud. 50 años de sacerdote, 50 años de fidelidad de Cristo y de este hermano… ¡es digno de celebrarse por todo lo alto! Pero, nada, él erre que erre con que no quería nada especial. Vamos, que estábamos nosotras con muchísimas más ganas de fiesta que él.
-¡Pero, padre! -le decíamos- Aunque sólo sea hacer un pequeño recordatorio… ¡50 años vividos con Cristo son dignos de celebrarse!
-Mirad, niñas -nos contestó- Yo sólo soy un pobre hombre. Y si todavía soy sacerdote, es porque la Virgen me cogió de los pelos… Si no fuera por Ella… –

Le miré. Es un hombre mayor, a quien le cuesta mucho caminar, el oído ya le falló hace tiempo, la vista va poco a poco cayendo… No se consideraba más que eso, un pobre hombre.

Sin embargo, algo pasó. Poco a poco se fue entusiasmando con la idea de hacer algo… Y con lo del recordatorio… Y, ¿por qué no añadir algo al recordatorio? El entusiasmo crecía por momentos. Resultado final: estamos haciéndole 400 evangelios y 500 rosarios con el recordatorio. El dominico se marchó más contento que unas castañuelas, ¡y con tantas ganas de fiesta como nosotras!

Le he estado dando muchas vueltas a todo esto en la oración y creo que, ante nuestro entusiasmo, este dominico se sintió querido. Fue como si, de pronto, su sacerdocio cambiara de color: Será un pobre hombre, ¡pero Cristo ha caminado con él 50 años! Y si Cristo sigue a su lado, ¡eso le convierte en el hombre más importante del mundo! ¡Porque para Cristo él es importante!

Hoy el reto del amor es querer los mayores. Este dominico no quería celebrar nada porque no se sentía más que un pobre hombre… Y, sin embargo, somos tan importantes que Cristo muere por ti y por mí en cada Eucaristía. Somos tan importantes que nos regala su vida, para que vivamos en plenitud. Y todo esto, sólo porque nos ama… ¿Es o no un gran motivo de celebración?
Te invito a que hoy, en la oración, celebres con Cristo su misericordia en tu vida. No importa si has metido mucho o poco la pata… ¡siempre ha permanecido a tu lado! Eres precioso a sus ojos…
Y, después, pídele a Cristo poder llevar su amor a algún mayor que se sienta “pobre hombre”… Una sonrisa, un gesto de cariño. Cristo te guiará para hacele sentir que es importante. ¡Se un mensajero del amor de Cristo!
¡Feliz día!
¡VIVE DE CRISTO!

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