Reto de amor: dejar de luchar contra tus imperfecciones


Hola buenos días hoy Aroa nos lleva al Señor.
Buenos días, amigos, el reto del amor de hoy es dejar de luchar contra tus imperfecciones.
En donde comemos tenemos una mesita de cristal con las patas de madera. El cristal también está bordeado por madera, como si fuese un marco alto que lo rodea y, como lo supera un poco por arriba y por abajo, también lo protege. En esta mesita se coloca la bandeja con el pan y cada una coge lo que quiere, con lo cual el cristal siempre está lleno de miguitas. Yo tengo que limpiarlo y, con ese marco de madera resulta complicado, pero tengo la suerte que el cristal tiene en un lateral un trocito roto que me viene muy bien para empujar la migas de pan con un trapo y que caigan por el agujero. Esa imperfección en el cristal me hace pensar mucho, pues, de alguna manera, cuando veo el roto el Señor me dice que no tengo que luchar contra toda imperfección, sino aprender de ellas y entregárselas a Cristo para no vivir de ellas y que no afecten a mi amor por Él. Las imperfecciones no son pecado, sino que forman parte de nuestra educación, temperamento o genética, sólo es pecado aquello que va contra la ley de Dios. Muchas veces veo cómo me atasco en luchar contra toda clase de imperfección pues, inconscientemente, equiparamos santidad con perfección y de ahí la insistencia de ayudar en nuestra propia santificación con la lucha contra toda imperfección pues, aunque sabemos que el único salvador es Jesucristo, no sabemos muy bien cuál es la parte que nos corresponde a nosotros. Mirando al cristal roto me digo: “Pues por mucho que se esfuerce el cristal en rezar más y ser más perfecto, no lo va a conseguir, siempre le faltará un trozo”. Entonces pienso que, con lo cual, el camino no está en luchar contra, no está en restar, sino en que todo sume pues hasta nuestras imperfecciones suman en nuestra vida espiritual si nos llevan a ser cada vez más pobres y más necesitados de Cristo.
Viene a mi cabeza una obra de misericordia y creo que con los primeros que tenemos que tener misericordia es con nosotros mismos: aguantar con paciencia nuestras propias imperfecciones, no querer vivir de ellas y entregárselas a Cristo cuando las tenemos que padecer en nuestra vida, pero creo que Cristo no nos quiere perfectos sino enamorados de Él. Sin hacer nada que le ofenda, pero aceptando que todas nuestras imperfecciones son pobrezas y que lo único que queremos de verdad es que Él sea cada día el Señor de nuestra vida y el centro de nuestro corazón, todo lo demás Él lo irá colocando en su sitio si lo dejamos en Sus manos. Por eso, hoy relájate y disfruta del amor de Cristo y, pase lo que pase, que tu intención sea sólo amar con Su amor.

¡VIVE DE CRISTO!

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