Reto de amor: que el canto no pare


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

UNA GUITARRA EN SILENCIO

Este fin de semana el Señor nos ha regalado vivir un montón de experiencias inolvidables. Una de ellas fue la emotiva despedida de dos amigos nuestros: Oswaldo y Arce, que acaban de dejar España, empezando un nuevo capítulo en la impresionante aventura que están viviendo de la mano de Cristo. (Son matrimonio que han entregado toda su vida al Señor y van de un lado a otro con su guitarra, cantando para Él en Eucaristías, Adoraciones… )

Celebramos con ellos una Eucaristía de acción de gracias en la que también participaron las más de setenta personas que vinieron a acompañarles.

Como canto final de despedida, Oswaldo cogió su guitarra y entonó “María, mírame”. Al instante, Arce le acompañó haciendo la segunda voz. Rápidamente, todos los que estábamos nos unimos a ellos, formando un único canto que llenaba toda la iglesia.

Pero, en mitad de una estrofa… la guitarra dejó de sonar. La bella y potente voz de Oswaldo se quebró de emoción. Le miré. Estaba agarrado a su guitarra, pero no podía seguir.

Sin embargo, el canto no paró. La iglesia continuó cantando, dispuestos todos a terminar lo que él había empezado. Y juntos, con esta canción, pusimos a los pies de Cristo y de su Madre toda la obra que están haciendo con este matrimonio.

Hoy el reto del amor es que el canto no pare. Tal vez te haya ocurrido que, en ciertos momentos, sientes que eres tú quien entona, eres quien toca la guitarra, quien lleva el canto… y, de repente, no puedes seguir. ¡Cristo nos ha hecho un inmenso regalo! La Iglesia, la comunidad. No cantas solo, Cristo está junto a ti, y ha puesto miles de voces a tu alrededor, ¡la Iglesia somos una inmensa orquesta!

Hoy te invito a que en tu oración des gracias a Cristo por todas aquellas voces que ha puesto a tu lado para que te ayuden a seguir. Dale gracias también por aquellos momentos en que tu instrumento ha guardado silencio y, tal vez sin que tú lo sepas, alguien de esta orquesta ha seguido cantando al Señor por ti.

Y, si a lo largo del día ves que un instrumento de tu alrededor empieza a bajar el volumen o que una voz se quiebra, agarra fuerte la mano de nuestro Director, Jesucristo, y acércate a ese compañero de orquesta. ¡Que hoy entre todos acabemos la canción! ¡Feliz día!

¡VIVE DE CRISTO!

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