Reto amor:experimenta el saberte amado


Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

PASEANDO UN TENDEDERO

La semana pasada me tocaba a mí hacer el lavado del Noviciado. Cuando acabaron las primeras lavadoras, dividí la ropa tomando todo lo que se podía meter en la secadora y la puse. Lo demás tenía que tenderlo pero, al mirar las cuerdas que tenemos en el lavadero, me di cuenta de que estaba todo ocupado. De manera que busqué la solución que creí más apropiada y salí a uno de los claustros donde tenemos un tendedero a cubierto (aunque realmente el claustro esta totalmente abierto, al aire libre, el tendedero está bajo unos soportales) Comencé a tender mientras veía la nieve caer en el centro del claustro.

A la hora y media, volví a por las siguientes lavadoras y dividí la ropa igual que antes. Pero, cuando fui a tender, me di cuenta de que la ropa se había quedado escarchada, congelada, totalmente tiesa. ¡Menudo susto!

“¿Qué hago?”, pensaba rápido, “¿Cómo lo puedo hacer?” Pues me estaban esperando para empezar la clase.

Así que pensé que lo mejor sería cogerme el tendedero plegable del Noviciado y volver a tenderlo ahí, para así poder meter toda la ropa dentro y que se descongelara.

De manera que fui a por él y me puse a cambiar la ropa allí mismo, en el claustro: Tal cual cogía la ropa de las cuerdas del claustro, la tendía en el plegable, y realmente tender ahí era como meter una carta al buzón de lo tiesa que estaba.

Cuando ya lo había cargado, cogí el tendedero y lo llevé al lavadero pensado que ahí se secaría bien. Pero cuando al llegar fui a apoyarlo en el suelo, las patas hicieron… “¡crack!”. No podía soltarlo porque, si lo hacía, se me caía hasta el suelo. Intenté de una manera y de otra, pero imposible, y encima comencé a ver como se doblaban las barras por donde yo lo estaba sujetado.

“Imposible, esto es imposible, pero si es hierro, ¿cómo se puede doblar así?”

Intentaba buscar la razón lógica de aquello: que si el contraste le había dejado vulnerable y por eso se partió, que si por exceso de peso no podía ser porque muchas veces lo cargamos igual o mas…

Pero al final eso de nada me valía, así que lo volví a coger en volandas y me fui por la huerta con él hasta el Noviciado, donde estaban las demás, a pedir ayuda.

Por el camino ya comencé a reírme de mí misma, totalmente confiada de que ellas me iban a acoger, me iban a ayudar. Y así fue.

Hoy el reto del Amor es que experimentes saberte amado, así, como estás hoy, aunque todo te parezca un desastre porque te sale mal, se te congela la ropa y se rompe el tendedero… Si yo me acerqué con confianza a mis hermanas era porque sabía que me iban a acoger, y a acoger queriéndome.

Hoy, cuando te sientas desastre, acércate a donde sabes que te van a acoger, que te aman, que no te machacan, porque así te puedes querer tú. Este Amor sólo surge de saberse Amado por Cristo. Con Él tu ser descansa, no tienes que luchar por la perfección. Si te aman como eres y como estás, más bien es ese Amor el que te transforma, porque puede hacer de tu peor día, de tu día desastre, un día de experimentar cómo eres amado. Así, en la medida en la que te sepas amado, podrás amar a los demás.

¡VIVE DE CRISTO!

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