Reto de amor: dejar que Cristo maneje tu vida


Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

Ayer tuve que ir a un desván a buscar unas cosas y me encontré un baúl muy conocido: ahí es donde se guardan las marionetas. Me encantó volverle a abrir, ya que con él siempre he tenido multitud de proyectos, entre ellos, hacer vídeos de retos, sí, vídeos con marionetas.

Ayer, mirándolas despacio recordando estos proyectos, me di cuenta de todos los hilos que las sujetan. Cogí una. La marioneta danzaba en función del movimiento que mi mano hacía desde arriba. Sí, la marioneta se deja hacer. Yo también, en mi vida, quiero que alguien superior a mí como es Cristo lleve mis hilos. Pero también sentía la fragilidad de la marioneta, al ver que había hilos que se podían romper, igual que ocurre en mi vida: mi comportamiento erróneo me lleva a romperme, a hacerme daño y a quedarme caída.

Qué gozada cuando los hilos levantaban las piernas, o los brazos, también un hilo abría la boca, y la cabeza giraba para un lado o para otro, o la inclinaba sobre el pecho, o hacía una reverencia, o levanta las manos a lo alto… Sentía que yo quería ser esa marioneta en manos de Cristo: Que mis piernas siempre caminen hacia el bien de las personas, que mis brazos puedan en el día de hoy abrazar, que mi cabeza se mueva amablemente y diga un sí, que cuando me incline sea para adorar y reconocer que la fuente de mi felicidad está en mi Dios. Que nadie más que Él maneje mis hilos.

¿Y tú? ¿Quién está en este momento manejando tus hilos? ¿Quién está llevando tu vida? ¿Tus pasiones, tus vicios, tu desconfianza, tu ira, tu egoísmo? ¿O es el amor, la entrega, el cariño, la alegría, la generosidad?

Hoy el reto del amor es dejar que Cristo maneje tu vida; muchas veces la has manejado tú y, por lo tanto, se te vuelve ingobernable: empiezas a entrar en un círculo de agresividad, de malas contestaciones, o de cerrarte en ti mismo, de pasar de todos. Realmente, algún hilo tienes roto. Hoy es el momento de dejar que te cambien los hilos rotos y volver a ponerte en manos del que mejor sabe manejar tu vida. No tengas miedo, Él siempre lo hace con mucho amor.

Si no sabes cómo reparar los hilos, yo te digo que en la Iglesia, en una Eucaristía, es el mejor taller. Que en el día de hoy encuentres un ratito para ir a una y dejarte hacer por Él. Feliz día.

¡VIVE DE CRISTO!

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