Reto de amor: sumérgete


Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

¡SUMÉRGETE!

Ayer estuvimos paseando por la huerta. Estos días ha llovido, y no imaginas cómo está la hierba. ¡Ha crecido de tal manera que nos llega hasta las rodillas! Y como está húmeda, no se puede pasar aún la máquina.

Llevaba días observándola, sobre todo una zona en la que se alza uniforme y, como si de un colchón enorme se tratase, daban ganas de tumbarse sobre ella.

Y ayer lo hice realidad, quise sentir esa sensación sobre semejante mata de hierba y sobre ella me tumbé. ¡Qué diferente se ve todo desde ahí abajo! Parece que formas parte de la hierba, como si vieses “lo que ella ve”: el cielo, las nubes, las barbillas del resto del novi mirando hacia abajo… Me levanté y en ella se quedó algo de mí, su forma había cambiado y se apreciaba la silueta de mi cuerpo.

Hoy puede que “paseando” en el trabajo, en un viaje, en la casa sin nombre… mires hacia abajo y veas hierba, mucha hierba, a alguien con un problema, con una dificultad que parece no parar de crecer.

Muchas veces, al ver semejante panorama, huimos o tendemos a cortar la hierba, a ser nosotros los que resolvemos los problemas o tenemos que “salvar” la circunstancia del otro con una charla que parece excelente, un detalle… y al no conseguirlo nos frustramos.

Sin embargo, Cristo, pudiendo haberse quedado mirando desde arriba, se ha tumbado a nuestro lado. Se ha agachado y sabe perfectamente qué supone ser hierba, qué ves, qué sientes, qué necesitas. De tal forma ha entrado en nuestra vida que ya nada es lo mismo, su presencia cambia todo, ya no estamos solos.

Cuando veas a alguien con un problema, primero ora por él o por ella, para que sienta que Cristo está ahí, en su mata de hierba. Al orar por algo en concreto, no buscarás tú las soluciones, sino que tendrás la capacidad de tumbarte en la hierba también y, así, hacerte uno con el otro. Desde ahí, con el Señor, verás qué siente, cuáles son sus heridas, que necesita, cuál es tu papel…

Pídele al Señor tener Sus sentimientos, pídele saber permanecer a Su manera, ¡sumergiéndote!, y así transmitir su amor, dejar su huella profunda. Deja que Él pase la máquina, mueva corazones, se sirva de tu oración, de tu permanecer y de tu amor. Hoy no mires desde arriba. ¿Qué necesita tu padre? ¿Tu hermana? ¿Ese compañero? ¿El niño que se te acerca?… ¡Sumérgete con Cristo! Mira con sus ojos.

Hoy el reto del amor es no pasar de largo cuando veas a alguien con problemas. Túmbate, permanece, ora y ama.

¡VIVE DE CRISTO!

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