Reto de amor: yo también me voy


Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

YO TAMBIÉN ME VOY

Estos días, muchos son los padres que nos han llamado porque tenían a sus hijos repartidos por campamentos.

Para el joven, para el niño, suponen unos días de descanso, diversión y, sobre todo, de crecimiento como persona, en habilidades, en el compartir, en responsabilidad, valores… Muchos van orientados a que también los jóvenes puedan disfrutar de actividades que les llevan a profundizar en su cristianismo o a suscitar un encuentro profundo con Cristo por medio de talleres y actividades de evangelización. Nervios, mochilas de ropa revuelta, nuevos amigos…

¿Y los padres? Aquí es donde me he llevado la sorpresa. Las teorías dicen que unos días sin niños, alivio, silencio en casa, tranquilidad… pero este año varios testimonios nos hablan de la incertidumbre que sienten cuando dejan por primera vez a los niños, o no saben qué estarán haciendo… Y, lo peor, encontrarse con una realidad que su presencia “evita”: la sensación de soledad. Se pasa de desear que se vayan a contar los días de su vuelta.

Pero la soledad es un drama en la persona, una tarea pendiente que tarde o temprano tienes que afrontar. El problema es que la soledad sin Cristo te aplasta, te aterroriza, no tiene sentido, esta vacía y, como conclusión, la ves como algo malo por lo que hay que llenarla con actividad, televisión, ruido…

Hoy el reto del amor te invita a no tener miedo a afrontar el drama que llevas dentro de la soledad. Hoy te invito a que des la oportunidad a Cristo a que cambie tu situación, a que tu soledad esté habitada por Él. Es verdad que esto es para experimentarlo, son las grandes paradojas de nuestra fe. Pero Cristo no es un mito. Cristo está vivo y quiere habitar en ti, sólo necesita que tú le des la mano, que le dejes entrar en tu soledad, y verás cómo poco a poco empieza a cambiar todo y empiezas a tener una paz indescriptible. El drama de la soledad en inherente al hombre, y nada ni nadie te lo quitará, sólo el hombre Cristo Jesus te lo dará sentido, y vivirás con otra mirada si Le dejas entrar en esa soledad.

Pero, a veces, llegar a Cristo desde nuestra soledad nos cuesta, no sabemos. Hoy vamos a acercarnos de la mano de María: cuando sientas esa soledad, coge el rosario en tu mano y, despacio, ora con un misterio y pídele a ella que te muestre la Vida de su Hijo.

Te deseo que pases un feliz día.

¡VIVE DE CRISTO!

http://www.dominicaslerma.es

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