Reto de amor: ya pero todavía no


Hola, buenos días, hoy Inés nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
  
YA PERO TODAVÍA NO

Llega el Adviento y volvemos a refrescar la esperanza que riega y fecunda nuestro corazón a lo largo del Año Litúrgico que hoy comienza.      

Estos días he estado preparando la Corona. He leído que es bueno que sea redonda para significar que nuestro camino con Dios no tiene principio ni fin. Él nos va rodeando como el águila, haciendo círculos concéntricos… Es cierto, el tiempo es nuestra medida, pero el Amor de Dios no tiene medida; por eso nos refresca lo que hace por nosotros, para cumplir las esperanzas de nuestro corazón: Él viene a salvarnos y cada ciclo litúrgico es nuevo y especial, porque también nosotros y nuestra vida es especial cada momento.

Este año hay mucho “envoltorio” para el Misterio: va a comenzar el Año de la Misericordia (que nos enseña cómo Dios se abaja a nuestra miseria y nos salva) y también es el año Jubilar de nuestra Orden. Esto me abre cauce para representar lo que celebramos, así la corona es abundante en símbolos:  

La base de la corona son unas fuertes raíces, y es que de la Iglesia surge una raíz fuerte, un tronco que, al transcurrir 8 siglos, ha ido asentando una Orden Evangelizadora, la Orden de Predicadores. En esta raíz se entremezclan las hiedras que trepan hacia el hoy (hay cuatro clases de plantas, como los cuatro modos de vida en la Orden).

Un cesto redondo sostiene, entrelazado por las raíces, el devenir actual de la Orden, las cuatro velas, las maneras del carisma: monjas, frailes, hermanas y laicos. Cada una se sostiene en una vasija de cristal, frágil, pero necesaria: es nuestra humana colaboración para sostener la luz, la Luz de Cristo. Las monjas, la vela verde, representa el reposo oracional; es la primera que se enciende y sostiene la predicación. La segunda, la roja, los frailes que, como prolongación de su estudio, van a incendiar el mundo con el fuego de la Palabra. La azul es la actividad de las hermanas que, acogiendo la Palabra, la hacen manifiesta y fecunda en tantos ministerios. La rosa, los hermanaos laicos, que, en su vida familiar, en su ser cristianos a pie de calle, van a deslumbrar a sus vecinos porque en ellos brilla la Palabra y ejercen la predicación de la santidad universal.

Se completa la corona con un detalle muy propio de Sto. Domingo, entrelazando con su rosario toda la obra que el Señor puso en sus manos, y, así, con María, celebramos el Adviento de Cristo en este año Jubilar.

El reto de hoy es que hagas tu propia corona y reflejes todas las realidades de tu vida, Cristo te bendice.

¡VIVE DE CRISTO!

http://dominicaslerma.es/

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