Reto de amor: 80 años


Hola, buenos días, hoy Inés nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

80 AÑOS

Va avanzando el tiempo día a día y con gran intensidad. Vivimos conscientes cada detalle, cada acontecimiento, cada experiencia… ¡tanta vida!, que no nos damos cuenta de que se acumulan los años. De golpe percibes que cumples muchos… ¡ay, sí, mi vivir no corresponde a la idea que yo tenía antes de las personas de esta edad!

Cuando tienes 18, los de 30 te parecen mayores; los de 50, casi viejos; los de 60, ni te digo, casi para jubilar. Según pasan los años en ti mismo, ya cambia la cosa: con 30 es el principio de la plenitud; con 40, tienes todo el vigor, la vida por delante; con 50 es la plenitud, el mejor momento; y la jubilación te permite reorganizar tu vida, porque aún estamos bien.

A mí me ocurre que no concuerda el número de años con mi vivencia, mis energías, mis ilusiones… pero ahí está la experiencia y, sobre todo, la obra que el Señor ha ido realizando año tras año, día tras día. Y es una gozada ver que Él te conduce, te acompaña y te va completando en el camino junto a Él.

Hoy mi madre cumple 80 años. Se me agolpa en la cabeza y en el corazón todo lo que he dicho antes. Si miro fotos, se nota el proceso: se cansa más, no le da tiempo… pero se trasluce en ella el paso del Señor y el amor con que se ha entregado a tope siempre. Sus debilidades son como el envoltorio del diamante que lleva dentro. Mis hermanos me dicen que se admiran de su voluntad, su entrega, su pensar en tener todo a punto, como siempre, para mi padre… ambos viven al compás que les llevan sus fuerzas, combinado su querer seguir haciendo con lo que pueden.

Ciertamente, es admirable comprobar cómo es el amor y ver que se puede llegar a plenitud, que se puede acoger el don de Dios como un niño, sin importar la edad que tengas…

Es un don inmenso tener a los padres, mirarlos con un cariño que te conmueve y ver en ellos la referencia de la fidelidad, de la ilusión, del seguir adelante, aunque pesen las piernas y se necesite ascensor. Pero, sobre todo, es comprobar el hilo conductor de Dios que enlaza vidas y corazones en la trama de su Amor incondicional y paciente por nosotros, como en la Historia Sagrada. Por eso, también nuestra historia concreta forma parte del plan de Salvación, sólo es necesario adherirnos a Dios, que guía todos los hilos para hacerse presente en Jesucristo.

El reto de hoy es dar gracias por el don de la vida y confiarle el futuro.

¡VIVE DE CRISTO!

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