Reto de amor:¡Tengo la clave!


Hola, buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

¡TENGO LA CLAVE!

Hace unos meses, al principio del verano, en uno de estos días de fiesta en que, por la solemnidad, la Madre Priora hace reparto de regalos, nos dio a cada hermana una agenda con nuestro nombre en la pasta. Algo muy curioso y lindo porque, además, tiene en la solapa un candado con números para elegir nuestras claves y que nadie, sino el dueño, pueda abrirla y acceder a los escritos que encierra.

Me pareció muy bonita, pero de momento no pensé en usarla en absoluto… Y la guardé con otros regalos…

Ayer, después de un tiempo, al verla, sentí ganas y deseo de regalársela a una persona muy especial, que sé que escribe sobre sus vivencias interiores. Pero, ¡oh, sorpresa!, estaba cerrada, y por más que intentaba con números claves que me dijeran algo, la agenda seguía hermética: un, dos, tres… mi fecha de nacimiento… la de entrada en el convento, etc., etc. ¡Y nada!

Mi imaginación se me agotó pensando qué clave pude poner el día que me la dieron… Me sentía un poco frustrada, porque, si no la podía abrir, no serviría más que para tirarla y darle su destino en la basura…

Así estuve casi todo el día, en los ratos libres, probando a abrirla…

Al fin acudí a las novicias, que saben descifrar estos medios modernos, y se la di por ver si podían hacer algo…

Por la noche, al ir a rezar Completas, me dijo Joane: “¡Ya la he abierto, tu clave es esta!”

¡Estaba abierta!… ¡Me quedé maravillada y con un contento que no cabía en mí de gozo!

Joane me contó que, el día que nos la regalaron, yo estaba indecisa en buscar un número de clave, y ella me comentó: “Pues yo voy a poner el código de mi tierra”. Y yo le respondí: “Pues yo también el mío”. Y no hubo más misterio en el hecho. Y esta conversación se me había olvidado por completo…

Mientras rezábamos las Completas, caí en la cuenta de la alegría tan grande que había tenido en cosa tan pequeña.

Precisamente esa tarde, en la oración, había estado meditando y rumiando el Evangelio de “la vuelta de los 72 discípulos que Jesús envió a predicar y curar”. Cuenta el Evangelio que volvieron llenos de gozo y fuera de sí porque en el Nombre de Jesús habían dominado a todas las fuerzas del mal. Pero Él les dijo: “No os alegréis de que los espíritus malignos os obedezcan, alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo”.

Aunque Jesús se siente feliz de que sus discípulos hayan dominado el mal en su Nombre, también es muy claro en diferenciar “nuestras alegrías” de “la única Alegría”.

Nosotros, como humanos y necesitados, nos alegramos a lo largo de los días por muchas cosas, y está bien, pero en cada una de ellas tendría que brotar una acción de gracias a Dios y remitirnos siempre a agradecer al Señor el que ya mi nombre está escrito en el cielo con caracteres indelebles y divinos; que el amor de Dios es el que me asegura que soy un bienaventurado; que Dios tiene más interés que yo en que esté con Él en el cielo… Todo esto es ¡la gran Alegría!

Hoy, el reto del amor es dar gracias a Dios por tantas alegrías pequeñas. Te invito a que hoy dejes que esas alegrías te lleven a la “Alegría Grande”, a Dios mismo, a su regazo de Padre, a ser ya desde ahora un bienaventurado…

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

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