Reto de amor: de compras


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

DE COMPRAS

Tuvimos que ir a Burgos a una revisión médica. Aprovechando el viaje, la procuradora nos encargó pasar por un supermercado. Lety, por su parte, llevaba una misión muy especial: ¡conseguir una caja de herramientas!

Sí, pero sin herramientas. Necesitábamos solo la caja de plástico. ¡No te imaginas lo útil que es en nuestro trabajo! En los compartimentos metemos cruces, bolas de rosario, las cuerdas… Todo queda ordenado, organizado, ¡y compacto!

El día nos salió redondo: a mediodía estábamos de vuelta.

Ya por la tarde, cuando íbamos a entrar en la capilla para rezar Vísperas, de pronto Joane me susurró:

-Oye, ¿hemos bajado del coche la caja de herramientas?

A mí se me cortó la respiración. Yo me había encargado de la caja. La había llevado todo el tiempo en la mano. Y estaba segura: no la había bajado del coche. Peor: no la había subido.

Imagínate el sofocón que me entró… y yo venga a pensar en qué momento la había soltado…

-¡La he olvidado junto a la caja!

Al ir a pagar, había ayudado a poner en la cinta las cosas que llevábamos en el carrito, dejé en el suelo la caja de herramientas… ¡y allí se quedó!

-Lety, no te lo vas a creer… -le dije-. He estado todo el tiempo pendiente de la caja de herramientas… ¡¡y la he olvidado en el supermercado!!

¿Sabes qué hizo Lety? ¡¡Se echó a reír!!

La verdad es que para mí aquella risa fue un alivio inmenso: ¡hasta yo acabé riéndome de mi despiste!

Resulta muy fácil querer a alguien cuando todo le sale bien; sin embargo, solo nos sentimos queridos de verdad cuando nos aman viendo nuestros errores, nuestros despistes o, incluso, nuestro fracaso.

Quien te ama en tu peor momento, es quien te ama de verdad. Ese amor, además, es indestructible: a quien te ama cuando está viendo tu pobreza, es imposible decepcionarle.

“Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 8).

El Señor nos amó en nuestro peor momento, cuando no habíamos hecho nada bueno… ¡nos amó cuando no nos merecíamos su cariño! En ese momento, Cristo salió a nuestro encuentro. Más aún, entregó su propia vida. Por eso no podemos decepcionarle: sabe de sobra cómo somos. Todo lo que hace… es por puro amor.

Hoy el reto del amor es amar la debilidad. Si hoy metes la pata, no te enfades contigo mismo… Mira al Señor y aprovecha para asombrarte de Su amor: ¡Él te sigue mirando con infinito cariño! Así, cuando sea otro el que se equivoque, podrás ir y hacer tú lo mismo: ¡acogerle con cariño! ¡Feliz día!

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

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