Decenario al Espíritu Santo (Día Quinto)


 

DIA QUINTO

 

ACTO DE CONTRICIÓN
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


Consideración

Instrucciones graves que nos da este sapientísimo Maestro; y digo graves, porque son tales que, cuando no las cumplimos, Él huye de entre nosotros y nos impiden el adquirir la unión con Dios.

Las instrucciones que hoy digo nos da este sabio, hábil, prudente, discreto, activo, dulce y cariñoso Maestro, que todos estos títulos merece, porque todo esto que de Él digo parece que al darnos estas lecciones todo nos lo quiere transmitir y grabar para que así como Él obra con nosotros obremos nosotros con nuestros prójimos en general, ya sean amigos nuestros ya no lo sean, o ya sean declarados enemigos; a todos quiere que tratemos igual, con la caridad que Él nos enseña.
Estas instrucciones no nos las da ni nos las hace ver y entender por medio de la luz que ya dejo dicho da al entendimiento; van directamente a la voluntad, pues allí las deja como impresas y grabadas en lo más íntimo de nuestra alma, con el fin de que jamás se nos puedan olvidar, y si nosotros queremos ser agradecidos a tantas manifestaciones de cariño y amor como nos da este nuestro inolvidable Maestro, debemos tener estas sus enseñanzas no como instrucciones, sino como mandatos.
Así los debemos poner por obra y con toda la aceptación de nuestra voluntad.
Nos dice que hablemos y obremos siempre con sencillez y que a nuestro prójimo nunca le hablemos ni tratemos con doblez bajo ningún pretexto.
La sencillez, dice, que es el carácter propio de los hijos de Dios y la doblez y fingimiento es propio de Satanás y sus secuaces y que esta semilla la puso Satanás en el corazón de la mujer y con ella la vanidad, cuando la sedujo a cometer el primer pecado; y dice que es tal el aborrecimiento que tiene Dios al que trata con doblez a su prójimo, que ninguno de éstos entrará a gozar de su descanso.
Nos exhorta también a que con propia voluntad nunca hagamos ningún acto, por pequeño que éste sea, y que debemos dar en nuestro corazón preferencia de aprecio y estima a todos aquellos que con sus contradicciones y privaciones nos ayuden a arrancar de nosotros la propia voluntad.
Nos exhorta a que seamos exigentes con nosotros mismos, encaminando nuestra existencia a toda virtud y perfección y a tener mucha tolerancia con los demás; que tengamos siempre mucha prudencia y obremos con discreción y que andemos con mucho cuidado, porque Satanás, nuestro común enemigo, siempre anda entre nosotros sembrando cizaña para que nosotros cojamos la discordia, que es el fruto que da la semilla que él tira y nos enseña los modos y maneras que él tiene de disfrazarse.
Usa mucho el disfraz de falso celo, que es para las almas consagradas al servicio del Señor la careta con que se cubre y aparece enmascarado con apariencias de celo, porque, quitando la posesión y vista de Dios, lo demás todo lo conoció perfectamente; porque le dio el Espíritu Santo tan privilegiada inteligencia que con ella conoció toda virtud y perfección; pero no la quiso practicar y por eso sabe tan perfectamente el oficio de seducir y engañar con virtudes aparentes y fingidas, que es todo lo que él abarca aparentar y fingir.
Pues rebelándose contra Dios, en esto vino a parar todo su saber y ciencia: a engañar, seducir, fingir y aparentar, y esto es ahora todo su saber y ciencia.
Y toda esta su ciencia, sabiduría y poder los destruimos nosotros con sólo que sigamos la verdad y con esto sólo le dejamos avergonzado, humillado, confundido y en su misma soberbia más y más abatido.
Vuelve a insistir en que nunca con doblez hablemos ni tratemos a nuestro prójimo por lo desagradable que esto es a Dios; y nos prohíbe hablar, decir y manifestar de cualquier modo o manera que sea las debilidades, imperfecciones, faltas o pecados de nuestros prójimos, y dice que el modo de tratar nosotros las cosas que dejó dichas de nuestros prójimos es con Dios, para pedirle gracia y perdón para ellos.
Nos exhorta como a viva voz y con mucha energía, contra la envidia espiritual, que jamás nos dejemos seducir de Satanás a cometer este pecado y el que lo comete es ladrón declarado que roba a Dios la gloria y la honra que Dios se merece y que todos estamos obligados a darle.
En contradicción a este pecado dilatemos nuestro gozo cuanto nos sea posible, siempre que veamos u oigamos hablar en alabanza de nuestro prójimo y jamás nos angustiemos con esos humillos de envidia con que los imperfectos oyen las alabanzas del prójimo o cuando los ven hacer algún acto de virtud, porque dice que el que tiene este pecado está como dominado por él y cuanto ve y oye del prójimo todo le da en rostro, como si le viera cometer graves pecados, porque la envidia espiritual, al que la tiene, le roe hasta las entrañas y la ruina espiritual del que esto tiene es segura.
Y digo que a viva voz nos lo dice, porque hasta los sentidos parece que participan instrucción.
Y nos enseña que cuando con falso celo nos veamos perseguidos, acusados y reprendidos, guardemos riguroso silencio y les abramos nuestro corazón lleno de amor y cariño, siempre que ellos nos busquen, sin darles la menor muestra de resentimiento. Porque, con todo, nos ayudan mucho a lograr más fácilmente la santificación de nuestras almas.
También nos exhorta mucho a que no tallemos ni pulamos a ninguno de nuestros prójimos, porque el que talla y pule a otro está muy lejos de la propia santificación.
También nos exhorta mucho a que tengamos gran temor y desconfianza no de Dios, sino de nosotros mismos, cuando nos alaban y ensalzan, porque la alabanza, la honra y la gloria que os dan no la merecéis vosotros, sino Dios que es el que os ha dado todo cuanto tenéis, por lo que los hombres os alaban y ensalzan.
Además, Satanás, nuestro común enemigo, sabe que de los discípulos de esta escuela él poco saca, porque no tiene posibilidad para entrar en esta escuela, por una parte, y, por otra, aunque quiera andar por las afueras de ella escuchando, nada adelantará, porque allí no hay ruido alguno; allí todo pasa en quietud, reposo, silencio y todo en profunda reserva.
Es la reserva que allí se usa y ejercita tal, que todo cuanto allí recibe el alma, todo en el centro del alma se queda guardado y como escondido, para que ni Satanás ni las criaturas puedan saber cosa alguna.
Y se recibe, porque bien se sabe que es dada una como natural reserva de lo que la dan como si la pusieran un candado para hablar, que mientras Dios no se la quita, no puede decir cosa alguna de lo que entre Dios y el alma pasa.
Pero hay cosas que entre Dios y el alma se quedan reservadas en el mismo Dios. Una comparación: Me lleva el Rey a su palacio y me enseña las cosas que él tiene allí reservadas; de aquellas cosas me da muchas a mí; yo las guardo en mi casa también reservadamente y digo de lo que me enseñó sólo para que yo lo supiera, lo viera y gozara sin otro fin más que éste, digo que quedaron en el Rey reservadas.
Satanás, que anda tan solícito por saber, no puede lograrlo ni halla medio de conseguirlo, y ¿qué hace entonces? Se vale de las criaturas, a ver si lo puede lograr, y movidas por él dicen alabanzas y ensalzamientos tales que las criaturas la suben hasta el tercer cielo como a San Pablo, con el fin de ver si la pueden hacer caer en algún pensamiento vano o en alguna complacencia por donde él pudiera averiguar por dónde anda.
¡Oh Maestro inolvidable! ¿Qué son todos los sabios ante Ti? Da este tu saber a todas las almas que Te están consagradas para que con él se vean libres de todas las astucias de Satanás y consigan con seguridad tu posesión eterna. Amén.

Obsequio al Espíritu Santo para este día quinto

Amar a nuestros prójimos puramente por Dios y como Dios nos manda que amemos y como El nos enseña.

Amar a nuestros prójimos por Dios es el estar atentos en todo a prestarles nuestros servicios, si en algo nos necesitan, sin poner nuestros ojos en ellos, con el fin de ver si es nuestro amigo o enemigo, si habla bien o mal de nosotros, si es agradecido o ingrato a nuestros favores; porque si lo hacemos puramente por Dios, Dios no se puede portar con nosotros mejor que se porta.
El atributo de su bondad siempre está ejecutando sus bondades con nosotros y nosotros, ¡con cuántas imperfecciones hacemos las obras que pertenecen a su santo servicio!
Y esta infinita bondad no se retrae de darnos en abundancia su gracia, sus virtudes, sus dones y sus frutos; no aspira sino a enriquecernos y se goza y se gloría en vernos cargados de sus tesoros divinos, y cuando Él nos ve llenos de estas riquezas, como si se honra -¿qué digo como si se honra?- se honra de veras en ello.
Y cuanto más nos da, más su infinita bondad quiere darnos.
Pues resolvámonos a amar desde hoy a nuestros prójimos puramente por Dios y como Dios nos manda amarles y como Él enseña.
Hemos de manifestar el amor a nuestros prójimos para cumplir bien el mandato de Dios, no con los afectos de nuestro corazón, que éstos son para Dios sólo, sino con las obras, gozándonos, con toda nuestra alma y corazón, cuando vemos que los demás Le alaban, Le honran, y Le engrandecen, y no sacar nunca alguno de sus defectos, con lo que manifestamos lo aborrecible que nos es el que Le alaben y ensalcen.
Esta conducta nuestra contrista grandemente al Espíritu Santo y se da por ofendido.
Y así como quiere que nos gocemos en sus alabanzas, así quiere que nos apenemos y de alma y corazón sintamos su deshonra y menosprecio. Resolvámonos desde hoy a observar esta conducta con nuestros prójimos y daremos con ello placer y contento a Dios, que tanto se goza en que demos frutos de vida eterna. Así sea.

LETANÍA DEL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

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Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm

Decenario al Espíritu Santo (Día Cuarto)


DIA CUARTO

ACTO DE CONTRICIÓN
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
 

Consideración

La escuela del Espíritu Santo; dónde la tiene, cómo la ejerce y qué es lo que enseña. Con la práctica de estas sus enseñanzas se adquiere la verdadera santidad.

Este Divino Maestro pone su escuela en el interior de las almas que se lo piden y ardientemente desean tenerle por Maestro.
Ejerce allí este oficio de Maestro sin ruido de palabras y enseña al alma a morir a sí mismo en todo, para no tener vida sino en Dios.
Es muy consolador el modo de enseñar que tiene este hábil Maestro; y no quiere poner escuela en otra parte para enseñar los caminos que conducen a la verdadera santidad, que en el interior de nuestra alma; y se da tal arte… y maña… para enseñar…, es tan hábil y tan sabio, tan poderoso y sutil, que, sin saber uno cómo, siéntese al poco tiempo de estar con Él en esta escuela todo trocado.
Antes de entrar en esta escuela, rudo, sin capacidad, muy torpe para entender lo que oía predicar; y entrando en ella, con qué facilidad se aprende todo; parece como que transmiten a uno hasta en las entrañas la ciencia y la habilidad que el Maestro tiene.
Su modo de enseñar no es con la palabra; rara vez habla, alguna vez a los principios; si se practica bien la lección que Él enseña suele hablar, pero muy poca cosa, para manifestarnos con esto su agrado; y esto ha de estar la práctica bien hecha, porque esta escuela todo es de practicar lo que enseñan, y si no lo practican, es cosa concluida; la escuela se cierra y no se abre.
Porque aunque la escuela se da en el centro del alma, no puede uno entrar allí si no le mete el Maestro, porque aunque él quiera entrar ni puede ni sabe. Lo único que puede hacer es quedarse dentro de sí, no salir fuera, sino ponerse a la puerta, y muy de corazón llorar y sentir su falta desinteresadamente.
Porque el desinterés es como la piedra de toque de esta escuela, pues todo cuanto aquí enseñan, todo hay que practicarlo desinteresadamente, si no nuestras obras no tienen mérito ante nuestro Maestro.
A los principios calla, tolera y no castiga; porque como es tan caritativo, se compadece mucho, porque ve que no sabemos, y nunca pide ni exige lo que no podemos.
Su modo de enseñar es por medio de una luz clara y hermosa que Él pone en el entendimiento.
Cuando anda el alma muy solícita en el cumplimiento de la práctica de la verdad que le enseña, junto con la luz que dejo dicha, dan como una saeta a la voluntad, y la voluntad al recibirla se siente toda encendida en amor a su Dios y Señor, y bien sabe ella cuando esto recibe que no es adquirida, sino dada; y esto nadie se lo dice, pero el alma bien lo entiende y conoce que es así.
En esta escuela hasta en el respirar parece que se respira sabiduría y ciencia, y toda esta sabiduría y ciencia va encaminada al conocimiento de Dios y al conocimiento propio, donde está como el fundamento de todo lo que enseñan, y sin estar esto bien asentado en el alma, no da paso alguno; suspende toda lección, y hasta que esta verdad no echa como raíces en el alma, no pasa adelante con sus instrucciones.
De la penitencia nada nos dice. Sin duda, a mí me parece, que no nos instruye acerca de ella porque de suyo el alma se inclina a la penitencia mejor que a la mortificación; lo que sí se ve con una de esas luces que da al entendimiento es que la penitencia sola, sin la mortificación, llena de soberbia el corazón; y por eso, en esta escuela se aprende a hacer la penitencia con mucha discreción; y se ve con esta luz que da este Divino Espíritu, que Satanás anda muy solícito, inclinando a las almas a hacer grandes penitencias.
En los santos tiene un fin y en los imperfectos otro; y mientras a la penitencia les inclina, de la mortificación les retrae; en la mortificación no hay peligro, por continuada que sea. La penitencia sola no santifica; la mortificación continuada hace grandes santos; con la mortificación continuada se consigue el morir a sí mismo en todo y se adquiere el puro amor de Dios, sin el cual ni hay amistad con Dios ni unión con Él, y menos la transformación, que ésta todo lo hace el amor.
Con la mortificación continuada salimos de la propia esclavitud y nos hacemos señores de nosotros mismos. Con la mortificación continuada se llega a adquirir el primitivo estado en que fueron puestos nuestros primeros padres; y como premio a la mortificación continuada se da Dios al alma, como en posesión en esta vida, y en esta escuela esto es lo que se aprende, porque todas las lecciones a esto van encaminadas: a la continua mortificación.
Hay lección particular para el ayuno y nos enseña a no negar al cuerpo nada de cuanto necesita; pero a los apetitos nunca darles nada de lo que piden, quieren o desean, porque los apetitos nunca piden, quieren o desean por necesidad.
Por necesidad el cuerpo es el que lo ha de pedir, y el cuerpo pide alimento y no pide más; pero los apetitos piden regalo y molicie, pues están siempre, como niños antojadizos, que no piden por necesidad, sino por antojo y capricho.
Por esto, a lo que más inclina este Maestro admirable es a la privación de todo lo que es regalo y el alma, como tiene siempre como entre los ojos la tragedia sucedida en el paraíso, voluntariamente se priva de la fruta, queriendo, si pudiera, desagraviar a Dios de la falta cometida por aquella triste madre, de cuya sangre estamos inficionados.
Porque todo cuanto se hace con las lecciones que en esta escuela dan y las instrucciones que aquí se reciben, el alma vive siempre olvidada de sí y no tiene otro fin en todo cuanto hace que el de agradar a Dios y lograr, si puede, el que Dios sea de todos amado.
De sí misma está olvidada, no piensa en adelantar en la virtud, ni en adquirir virtudes, ni en merecer gracia, ni en adquirir cielo, ni en santificarse.
Para ella y para las demás ni quiere, ni pide, ni desea sino el amar, si posible fuera, como Dios se merece.
Porque el amor desinteresado que enseña en esta escuela hemos de tener siempre a Dios; a desear esto nos lleva y nos exhorta este Maestro Divino.
El nos encamina a amar a Dios como Él nos ama. ¿Por qué nos ama Dios? Por nada, porque nada tenemos y nada Le podemos dar. Nos ama por amarnos, pues amémosle también nosotros sólo por amarle.
Él nos quiere dar su dicha y bienaventuranza eterna; no tuvo otro fin al criarnos que criarnos para tanta dicha y ventura.
¡Oh Santo y Divino Espíritu! Mira que no atinamos a emprender los caminos que a Ti nos conducen.
El amor desinteresado que debemos a Dios, dueño y Señor nuestro, no prende en nuestras almas; la mortificación continuada es un ejercicio desconocido y estos dos ejercicios nos son tan necesarios para ir a Ti.
¡Oh vida de nuestra vida y alma de nuestra alma!; como al pájaro le son necesarias las alas para volar, que fue el fin para el que fue criado. Así estamos nosotros, Santo y Divino Espíritu, sin alas para volar hacia Ti.
¡Ven, Santo y Divino Espíritu! Ven como Maestro y enséñanos desde este día el ejercicio de amor desinteresado; prende ese fuego de amor divino en nuestras almas y con él es cierto que el ejercicio de la mortificación le emprenderemos con gusto.
Ven, que viniendo Vos es cierto que todo está conseguido, que os amaremos como debemos y os daremos el consuelo que Vos tanto deseáis, que es el que gocemos con Vos por los siglos sin fin. Así sea.

 

Obsequio al Espíritu Santo para este día cuarto
La mortificación

La mortificación para el que aspira a la santidad debe ser lo que la respiración para el cuerpo; si ésta falta, el cuerpo no puede tener vida; así nuestra alma, en lo que se refiere a la santidad que desea.
Tanto tendré de santidad cuanto tenga de mortificación, porque la santidad es todo lo contrario de lo que muchos creen; muchos miran y aprecian por santos al que tiene éxtasis, arrobamientos, visiones, revelaciones, dulzuras, consuelos y otras mil y mil cosas que siente el alma en la vida espiritual.
Nada de esto es necesario para llegar a una grande santidad.
La santidad se adquiere por la mortificación y en ella se perfecciona por la mortificación; a los muy mortificados suele Dios darles a gustar de estas cosas como para premiar su continuado trabajo.
Porque la mortificación continuada es el purgatorio en vida a la naturaleza rebelde; ya sabe ella que para gozar nos criaron.
Por eso nunca se logra el que se use de la mortificación y no cueste trabajo su uso.
En otras cosas se adquiere como hábito y costumbre y esto hace que no cueste; pero tratándose de mortificarse y vencerse uno a sí mismo, para con ello agradar a Dios, esto siempre cuesta.
Y por esto al continuado vencimiento en todo que el alma tiene, con el fin único de agradar a Dios, es el darle Dios estas cosas de dulzuras y consolaciones en premio.
Pero mirad, como os miráis en un espejo, en todos aquellos que han querido ser siempre fieles al Señor. Miradles cómo lloran y sienten y se avergüenzan cuando Dios les da a gustar estas cosas.
Cómo se valen de la misma prueba de cariño que Dios les da para obligarle a que nada de esto les dé.
Pues animémonos nosotros a imitarles en esto y a mortificarnos sólo por dar gusto a Dios con ello y manifestarle con esto nuestro amor puro y desinteresado, para lograr con todo ello el amor a Dios en esta vida y continuar amándole por los siglos sin fin. Así sea.

LETANÍA DEL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

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Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm

Decenario al Espíritu Santo (Día Tercero)


DIA TERCERO

ACTO DE CONTRICIÓN
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
 

Consideración

Veamos en este día cómo nos enseña nuestro Divino Redentor a hacer aprecio y estima del Espíritu Santo.

Cuando el ángel miró al hombre y le vio tan inferior a él en naturaleza por una parte y por otra vio lo mucho que Dios le amaba, apenas el Señor hubo castigado al ángel por su soberbia, quitándole la gracia y la gloria, y castigándole a los infiernos, que creó entonces para sólo este fin, pues hasta aquel momento no le había creado, el Satanás dos veces satanás, apenas allí se vio, no pensó en otra cosa que en cómo había de hacer caer al hombre, sólo porque Dios le amaba.
Como Dios le dejó los dones de naturaleza que le había dado, quitándole solamente la gracia, la gloria y la hermosura y se los dejó para castigar con ellos su soberbia, él los empleó todos en ver los medios de quitar a Dios el placer, que él sabía tenía en el hombre; y toda su sabiduría y ciencia y todo su poder lo empleó en seducir a nuestra madre Eva, como parte más flaca.
Consiguió el seducirla, haciéndola faltar a Dios en el único mandato que les había puesto; pero no logró el privar a Dios del contento que tenía en amar y ser amado del hombre.
En esto se engañó a sí mismo Satanás, porque creyó que seduciendo a los dos primeros seres, Adán y Eva, les iba Dios a castigar como a él, y con esto quedaba Dios privado del contento que tenía en amar y ser amado del hombre.
Esto no le dio otro resultado a Satanás, que el tener una segunda derrota; Dios no castigó al hombre como Satanás quería; en esto fue Satanás humillado, porque el castigo que Dios puso a nuestros primeros padres fue temporal, y a Satanás se le dio eterno, por los siglos sin fin, mientras Dios sea Dios, que lo es para siempre…, para siempre.
Dios castigó a los ángeles para siempre… eternamente; porque su pecado fue por malicia; castigó temporalmente al hombre, porque el hombre no pecó por malicia, sino por seducción.
¡Oh cómo se ven aquí las entrañas de misericordia que Dios tiene y lo que le cuesta castigarnos! ¡Cuán presto está a darnos el bien que no merecemos, y cuán tardo es para castigar el mal que hacemos!
El gozar de lo que Él goza y en Sí mismo tiene, nos lo da sin tasa y sin medida; y esto, por pura bondad, sin mérito alguno nuestro; pero el castigar el mal que hacemos, lo hace siempre con tasa y con medida; porque aunque es horrible el infierno que crió, no encerró en él el castigo que el pecado se merece; además, vio toda la infidelidad del ángel y del hombre antes de haberlos creado, y, sin embargo, que lo ve, no determina entonces el lugar para castigarles; espera a que le cometan y entonces lo determina; y lo que era placer, dicha y contento temporal y eterno, antes de crearles, se lo prepara todo y llena la creación entera de bellezas, todas para el ángel y para el hombre.
Y después de tenerles preparadas todas las hermosuras de la creación les crea a ellos para que desde el primer instante de su existencia sean felices y dichosos.
¡Oh cómo eres Dios mío! ¡Cómo eres todo bondad, todo misericordia, todo caridad!
Cuando Eva se dejó seducir, y ésta sedujo a Adán, y le sedujo sin malicia, y seducidos los dos, faltaron al único mandato que Dios les había puesto, apenas el Señor les habló, recordándoles con reprensión su falta, humillados, lloraron y confesaron su culpa.
Entonces el Señor, nuestro Dios, volviéndose a Satanás, le dijo: “Yo les levantaré de su caída con inmensas ventajas”.
Aquella sabiduría de Dios que, como dejo dicho, reside en el Divino Verbo, cuando aquella Divina Esencia echó como una ojeada a toda la Creación, antes de haberla creado, vio el pequeño número de almas, que fieles le habían de servir y amar; y entonces esta sabiduría inmensa e infinita se dio trazas para que, llegados los tiempos, cuando las dos naturalezas unidas estuvieran, este pequeño número de almas fieles a su Dios quedasen congregadas, y desde entonces ya no fueran miradas por Dios como criaturas, sino como hijos de adopción.
Llegados los tiempos decretados para redimir a toda la raza humana, el Divino Verbo se hace hombre y quedan las dos naturalezas unidas y existe en el mundo un Dios y Hombre al mismo tiempo, y vive entre los hombres treinta y tres años un hombre que es Dios.
Estos hombres entre quienes vivía este Hombre Dios, injustamente faltando a toda verdad y a toda justicia, Le condenan a muerte; sube al madero santo de la Cruz y apenas en él se ve crucificado, aquella alma bendita de aquel Hombre que estaba unida a la Divinidad del Verbo, empieza a negociar con Dios, su Padre, el modo como Él deseaba levantar al hombre de su caída.
Y, ¡en qué circunstancias! ¡Coronado de espinas, hecho una llaga de los pies a la cabeza! ¡Las espaldas descarnadas! ¡Los huesos dislocados! ¡Traspasados sus pies y sus manos con gruesos clavos! Sin tener donde descansar ni siquiera donde fijar su cabeza; y en este estado aquella alma bendita de aquel Hombre Dios no cesa un instante de pedir y de rogar a su Padre Le concediera lo que Él tanto para el hombre deseaba; esta alma bendita, que era como un volcán de caridad para el hombre, ardientemente deseaba que quedaran congregados todos los hombres en Él, y Él sería el cuerpo, alma y vida de estos hombres en Él congregados.
Mas, unida como estaba esta humanidad Santísima a la Divina del Verbo, esta Divinidad le comunica la verdad y sabiduría; y esta humanidad bendita, con aquella bondad y sabiduría que el Verbo le comunica, por estar inseparablemente unida, pide le sea dado para el hombre su Santo y Divino Espíritu, para que todos los a Él congregados vivan como un solo cuerpo y una sola alma, y esta nueva congregación sea dirigida y enseñada por el Espíritu Santo, y posesionado ya de esta congregación el Espíritu Santo, mire a todos los allí congregados, no como a criaturas suyas, sino como hijos de adopción, a quienes adopten la justicia de Dios sobreabundantemente reparada por el Dios hecho hombre, la misericordia del Divino Verbo, que unida está a la humanidad Santísima, y la caridad y bondad de este Santo y Divino Espíritu.
¡Oh humanidad santísima! ¿Quién sino Dios puede saber lo que Tú padecías durante las tres horas que pendiente estuviste en la Cruz?
Tú, olvidado del estado tristísimo en que te habían puesto los hombres, sin tener en cuenta nada de cuanto padecías, sin cesar ni un momento de pedir e instar a vuestro Padre celestial que os conceda lo que Le pedís, para todo el género humano; a todos queréis congregar y a todos queréis hacer un solo cuerpo y una sola alma. Y, ¿en qué ocasión?
¡Cuando todos están con sus insultos, mofas y escarnios causando un griterío tal, todo contra Ti! ¡Irritando con su modo de proceder la justicia de Dios! ¡Oh, y Tú, mi vida y mi todo! ¿Qué haces cuando esto presencias? Los disculpas diciendo: “¡Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen!”, y sigues negociando la dicha eterna del hombre, y pides que se dilaten tus tormentos; pero que se Te dé para nosotros su Santo y Divino Espíritu; que nos enseñe, dirija y gobierne, porque sin el Espíritu Santo no puede el hombre ser elevado a la dignidad que Vos queréis elevarle.
¡Oh almas todas! ¡Mirad el tormento mayor que todo cuanto hasta aquí lleva padecido! ¡Mirad ahora la justicia de Dios, dando a Jesucristo lo que nosotros merecemos! Ardiendo en deseos de conseguir de su Padre Celestial lo que tanto desea conseguir para nosotros.
El poder de Dios, su Padre, hace que quede oculta la divinidad a la humanidad milagrosamente y queda la humanidad de Jesucristo desamparada de la Divinidad.
Este terrible sufrimiento no le entenderán si no es los que han gustado de la unión con Dios, y estando a Él unidos los deja y desampara; y el tormento de Jesucristo y el de estas almas es menos comparable que la sombra con la realidad; y por un momento que esto las suceda, ven partírselas el corazón de sentimiento y dolor.
¡Qué sería este tormento a Jesucristo en la situación en que se hallaba, sufriendo tan terribles dolores, dilatándose lo que Él para nosotros tanto deseaba conseguir! ¡Y a continuación, aquel desamparo que es la pena y dolor para las almas más que el mismo infierno!
¡Oh! ¡Cómo estaría aquella alma benditísima de Jesucristo sintiendo este abandono! No ha dado un quejido en todo cuanto por Él ha pasado y ahora, ¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?
¡Lo que mucho vale, mirad a Jesucristo cuánto Le cuesta! Es el don sobre todo don lo que desea alcanzar para nosotros; y antes de dárselo, Le cuesta un sufrimiento sobre todo sufrimiento. ¡Oh lo que costó a Jesucristo alcanzarnos de Dios su Santo y Divino Espíritu!
Él quería congregarnos a todos en Él, que es el establecimiento de la Santa Iglesia; y ésta no podía subsistir sin el Espíritu Santo; y Él dilata su vida, porque poder tenía, como Dios que era, hasta que consiguió de su Padre el Espíritu Santo para nosotros.
Despacha el Eterno Padre su petición; establece su Iglesia y al punto habla y dice: “Todo está consumado”.
¡Almas consagradas al servicio del Señor! ¡Aprendamos de Jesucristo, nuestro Divino Redentor, a hacer aprecio y estima del Espíritu Santo!
¡Ven, Santo y Divino Espíritu! ¡Ven a satisfacer los ardientes deseos de aquel ser humano que Tú formaste en las virginales entrañas de María Inmaculada!, que, aunque es hombre en el padecer, es Dios en el pedir y Dios en el desear; porque pide y desea lo que desea el Divino Verbo, a quien está unido. Desciende a nosotros como lo deseaba y pedía aquel Hombre Dios.
Dirígenos y gobiérnanos en todo, enséñanos a glorificarle, para que, empezando en esta vida, continuemos así por los siglos de los siglos sin fin. Así sea.
Obsequio al Espíritu Santo para este día tercero

La oración. Con ella, con qué gozo y alegría se vence uno a sí mismo en todo, por difícil que sea y por mucho que cueste el vencerse y mortificarse.

Mirad qué fácil le es al pajarillo el subirse a las altas enramadas y a los árboles frondosos y a dilatadas alturas con sólo dos alas que Dios le dio, y cómo cantan cuando luego de hacer su vuelo, se posan en el árbol, manifestando el placer y contento que les causa el volar.
También el alma mortificada tiene lo que el pajarillo, alas para volar; y, como él, también se posa en el árbol, y allí, alegre, manifiesta su contento.
Mirad; poned vuestros ojos en esas almas que ni quieren, ni buscan, ni desean cosa alguna ni del cielo ni de la tierra, sino a su Dios, de quien están viviendo enamoradas. Hallaréis pocas, pero las hay y las ha de haber hasta que el mundo se acabe.
Miradlas; cuando van a hacer uso de la mortificación, echan mano de la oración y del amor que tienen puesto en su Dios.
Como el pájaro, se remontan y suben a gran altura con sus dos alas. Con la oración y el amor que a Dios tienen, se elevan con estas dos alas sobre todo lo creado y hacen su vencimiento propio; y cuando acaban de hacerle, se posan en el monte Calvario, y allí, fijando su mirada, como si allí estuviera todavía el árbol de la Cruz y el dulce Jesús, Redentor Divino en ella, como castas palomas tienen sus arrullos con el amor de sus amores y con ellos manifiestan al amado de su alma que están dispuestas con grande alegría a usar de la mortificación y propio vencimiento, tan pronto como la ocasión se les presente.
Y se las presenta continuamente, porque cuando en sí no hallan en qué mortificarse y vencerse, lo hacen las criaturas, permitido y dispuesto por Dios.
Y cuando no hay alguna criatura que las mortifique, se encarga entonces Dios; y Dios lo hace, como quien es, grande en todo, demostrando con esto Dios al alma que quiere ser suya, que la mortificación ha de ser continuada, como lo es el latir del corazón.
Animémonos a ello, ya que otra cosa no tenemos que dar a nuestro amable Jesús. ¡Oh qué deseo tenía de dar la vida por nosotros!
Pues digámosle nosotros a Él: ¡Señor!, hambre y sed tengo de morir a mí mismo en todo, para no tener vida sino en Ti, para que, empezando en esta vida, continúe por los siglos sin fin. Así sea.

 

LETANÍA DEL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

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Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm

Decenario al Espíritu Santo (Día Segundo)


DIA SEGUNDO

ACTO DE CONTRICIÓN
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Consideración

Cuánto debemos al Espíritu Santo en el instante mismo en que Dios crió al hombre y cuánto por este beneficio debemos amar al Espíritu Santo.

Complacida la Divina Esencia, Dios, por la fuerza que Le habían hecho sus atributos divinos, se recrió, digámoslo así, y como si formara consejo toda la Santísima Trinidad para tratar el modo de criar a los seres tan deseados por el atributo de su infinita bondad, las Tres Divinas Personas que la Divina Esencia tiene en Sí ofrecieron los atributos que cada uno tiene como propios para la creación del hombre.
Para la creación entera sin el hombre bastó el atributo de su poder; para la creación del hombre solo pusieron en ejecución todos sus atributos Divinos.
Puestas ya como en conferencia las Tres Divinas Personas, para dar principio a la creación, esta Divina Esencia, Dios, echó como una ojeada a toda la creación, y la vio tal es, antes de haberla criado.
Allí vio ya la rebelión del ángel y la seducción de éste al hombre.
Entonces, las Tres Divinas Personas, de este Dios tres veces Santo, pusieron, en favor del hombre seducido, todos sus atributos.
El Divino Verbo se ofreció entonces también a remediar el gran mal que esta seducción iba a causar en el hombre, haciéndole caer del estado dichoso en que le había de poner la infinita bondad del Espíritu Santo.
Entonces también la sabiduría de Dios, que reside en el Divino Verbo, trazó y delineó los medios que había para reparar y remediar tan grandes males; y lo que trazó y definió los caminos que había para la reparación, para el castigo y para el ensalzamiento; de reparación, al Criador ofendido; de castigo, para el ángel rebelde y seductor; de ensalzamiento, para el hombre, porque quería la misericordia del Divino Verbo levantar al hombre de su caída, con inmensas ventajas.
Esta sabiduría infinita e inmensa, que todo lo abarca, no vio ni halló otro medio de reparación que el de que hubiera un Hombre Dios que reparara y para ello no había otro camino que el de hacerse Dios Hombre, y a esto se ofreció este Divino Verbo, el mismo que con su sabiduría inconmensurable trazaba y delineaba.
Este ofrecimiento del Divino Verbo, segunda Persona de la Santísima Trinidad Augusta, le aceptó la Divina Esencia, Dios, y con su aceptación quedó decretado el que Dios se hiciera hombre, para que hubiera un Hombre Dios que reparase la falta que había de cometer la criatura contra su Criador.
Y en esta reparación hallase el hombre el perdón y el ángel rebelde y seductor el mayor castigo que Dios halló con su infinita sabiduría, para castigar su soberbia y en ella dejarle humillado, confundido, deshonrado, abatido y derrotado para siempre.
Porque Dios siempre pone remedio por donde viene el mal y castiga por donde se peca.
Aunque Dios vio todo esto antes de hacer la creación, no vaciló, ni desistió un instante de hacer la creación del ángel y la creación del hombre, tan deseada por el Espíritu Santo; porque la santidad de Dios, cuanto ve justo y bueno, todo lo ama y quiere, sin que jamás en ello vacile su voluntad.
Santo era lo que deseaba el atributo de su bondad que reside en el Espíritu Santo; y el carácter propio de la infinita bondad, que es, como ya dejo dicho, comunicativo, no deja de hacer bien aunque con ingratitud Le paguen; sin que Le mueva a ello ni el interés ni el aprecio, porque no hay cosa alguna digna de Dios, fuera de Sí mismo; sólo el hacer bien es lo que Le movió.
Un rasgo de su bondad Le movió, y sólo esto, a criar ángeles y hombres y la creación entera que todos vemos y admiramos; y crió Cielo para los ángeles y Paraíso en la tierra para el hombre; y por otro rasgo de su infinita misericordia y caridad, se hace Dios Hombre para redimir al hombre y levantarle de su caída con inmensas ventajas, y esto sin interés alguno.
Dios a nosotros no nos necesita para nada; somos nosotros los que para todo Le necesitamos a Él.
Dios siempre haciendo bien, aunque con ingratitud le paguen, y siempre amando, aunque no sea correspondido.
Apenas vio este Santo y Divino Espíritu los caminos trazados por la sabiduría del Divino Verbo, se ofreció Él a hermosear y enriquecer al ángel y al hombre, sin detenerse por el mal proceder, pues sabía lo mal que habían de usar de cuanto Él pensaba darles, y que de lo mismo que Él con tanta amabilidad les daba, ellos habían de usar para rebelarse contra Él, que era su dueño y Señor.
¡Oh bondad suma!, que viste antes de habernos criado el modo con que Te habían de corresponder estas criaturas a quienes de la nada ibas a sacar con tu poder infinito, y llenarlos de vida eterna, para que contigo vivieran, y de Ti eternamente gozaran, y no Te detuvo en tu deseo de hacernos felices, ni la rebelión contra Ti del ángel ni la desobediencia del hombre, ni la ingratitud, mofas, insultos y desprecios que Te habían de hacer lo restante del género humano.
Tú viste que era bueno el intento y proposición que tu infinita bondad Te hacía, que era hacer bien, y ante la caridad y bondad de tus atributos Divinos, que tanta gloria dan a la Divina Esencia y que tanto en hacer el bien se glorían, nada Te detuvo; aunque viste la conducta tan desagradable que iban a seguir estos seres a quienes Tú tanto querías enriquecer, nada Te detuvo.
Al punto que el Poder del Padre los saca, y del barro los forma, Tú con tu soplo Divino llenas de vida, y de vida inmortal, el alma que les diste.
¡Oh acción de Dios, qué admirable eres y cuán digna es tu bondad y caridad de ser imitada de todos los que a Dios sirven y de aquellos que se precian de hacer cuanto bien pueden!
¡Oh almas consagradas al servicio del Señor! Mirad cómo nos enseña a hacer el bien este Divino Maestro, desinteresadamente, sin tener en cuenta para nada, el si es amigo o enemigo, el si es pariente o extraño, el si es agradecido o ingrato. Sea quien fuere, hacer el bien que podamos por amor de Aquel que todo lo crió para nosotros, aun antes de haber existido.
Y sabiendo que íbamos a caer, antes de la caída puso el remedio para todos nuestros males y nos levantó de nuestra caída con inmensas ventajas. ¡Oh, esto sí que es bondad, misericordia y caridad consumada!
¡Ven, oh Santo y Divino Espíritu! ¡Ven! Enséñanos a practicar la caridad según Dios, para con ella poder agradar y glorificar aquella Divina Esencia. ¡Mira, Santo y Divino Espíritu! Que es muy triste hacer grandes caridades y muchos sacrificios, y por no saberlos hacer, ni a Vos os glorificamos con ello, ni a nosotros nos es de provecho alguno.
Porque Tú, Dios nuestro, no tienes complacencia en nuestras obras y sacrificios, cuando en ellos echas de menos la pureza de intención. Tú quieres que siempre, y en todo, obremos como hijos de tan Santo Padre, y las obras y sacrificios hechos sin la pureza de intención, ¿cómo los vas a recibir y cómo en ellas Te vas a gloriar, si por Ti no lo hacemos?
Si para recibir nuestras obras y sacrificios, ha de ir todo encaminado al solo fin de agradarte, y hacer sólo por tu amor, y que sirva todo de provecho a las almas, que es donde Tú pones tus ojos, y donde está tu mayor honra y tu mayor gloria, porque las obras hechas por tu amor Te son todas agradables, pero las que se hacen en provecho y salvación de las almas, éstas y sólo éstas son las que Tú dices que son de tu mayor honra y de tu mayor gloria.
Este es el obrar que Tú nos pides, para que en el obrar seamos hijos de tan Santo Padre y discípulos de tal Maestro.
¡Oh y qué causas hay tan poderosas para que por este fin obremos siempre! ¿De quién somos? ¿A quién y por quién vamos seguramente encaminados? ¿A quién más que a Él debemos? ¿Quién como Él más nos ama? ¿Quién más solícito de nuestro bien temporal y eterno? ¿Quién como Él por nosotros se ha sacrificado?
Pues sea de nosotros correspondido, y desde hoy más, hasta el respirar sea por su amor, y por darle gusto y contento en todo.
A salvar almas, a salvar almas, que esto es la mayor honra y gloria que podemos dar a Dios.
¡Santo y Divino Espíritu! Tus enseñanzas y el ejemplo que vemos en Ti es el que queremos seguir desde este día; para que, empezando a glorificar a Dios en esta vida, continuemos por los siglos sin fin. Así sea.
Obsequio al Espíritu Santo para este día segundo

La paz del alma, disposición necesaria para que el Espíritu Santo habite siempre en nosotros.

Es el Espíritu Santo muy amante del reposo y quietud; pero de ese reposo que siente el alma cuando no busca ni quiere otra cosa que a su Dios.
Cuando el alma está habitualmente en este reposo y quietud y sin otro deseo de saber, si no es cuál sea la voluntad de Dios para al punto cumplirla, entonces el alma goza de una paz inalterable, y cuando esta paz tiene el alma, viene a ella el Espíritu Santo y hace allí como su morada, y dispone y gobierna y manda como aquel que está en su propia casa.
Él manda y ordena, y al punto es obedecido. Mas cuando nos inquietamos y turbamos y con la inquietud perdemos la paz del alma, este Santo y Divino Espíritu se contrista grandemente; no porque a Él le venga algún mal, sino porque nos viene a nosotros. El Espíritu Santo no habita en el alma donde la paz no esté como de asiento; perdida la paz, no puede el Espíritu Santo habitar en nosotros, porque a la santidad de Dios la es como un imposible habitar donde no hay paz.
El alma sin paz está como inhabitada para oír la voz de Dios y seguir su llamamiento divino.
Por esto el Espíritu Santo no habita donde no hay paz, porque este Divino Espíritu, que siempre está es aptitud de obrar, al ver al alma sin aptitud para ello, se retira, y contristado, calla.
El Espíritu Santo quiere habitar en nuestra alma, con el único fin de dirigirnos, enseñarnos, corregirnos y ayudarnos, para que nosotros, con su dirección, enseñanza, corrección y ayuda, logremos hacer todas nuestras obras a la mayor honra y gloria de Dios.
Y sin este Divino Espíritu, ¿cómo vamos nosotros solos a saber dar gusto y contento a Dios, si el que comunica este gusto y contento de Dios es el Espíritu Santo, por ser Él la acción de Dios en el alma?
Y por esto bien Le podemos llamar al Espíritu Santo, con toda verdad, el Dios familiar a nosotros; pues si la paz no puede habitar en nosotros, resolvámonos este día a que todo se pierda antes que perder la paz de nuestra alma, sumamente necesaria para lograr la habitual asistencia del Espíritu Santo, y con ella es seguro que poseeremos a Dios por amor en esta vida y en posesión verdadera por toda la eternidad. Amén.

 

LETANÍA DEL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

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Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm

Decenario al Espíritu Santo (Premios)


PREMIOS DE ESTA ESCUELA
( DE LA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO)

No merecidos, sino dados por pura bondad de nuestro inolvidable Maestro, el Espíritu Santo.
Son dados a las potencias de nuestra alma; mas todo nuestro ser siente la grande dicha que traen consigo estos premios, porque son recreo y placer al cuerpo, y al alma un cielo anticipado.

Premios a la memoria

Traslados que la hacen ir sin poner esta potencia trabajo alguno a Belén, a Egipto, a Jerusalén, siguiendo a Jesucristo en su vida pública, al Tabor en la transfiguración, al huerto de los olivos, al pretorio, por las calles de Jerusalén, al Calvario, vista amorosa de nuestro adorable Redentor, etc., etc.

Premios al entendimiento

Conocimiento de la Divina Esencia y de sus Tres Divinas Personas; acomodado este conocimiento a la capacidad de la inteligencia humana.
Conocimiento de la creación, del ángel y del hombre; de la rebelión, desobediencia y castigos; de la Encarnación del Divino Verbo, etc., etc.

Premios a la voluntad

Osculos del más apasionado y fino de los amantes. Dardos de amor Divino; heridas en el alma; transformación del alma en Dios; delectación la más tierna y amorosa, a la manera que lo es un niño que estando en los brazos de su madre en el más dulce reposo, al mismo tiempo que reposa es alimentado con leche; así lo es aquí el alma, con sabiduría y ciencia y posesión que hace en el alma toda la Santísima Trinidad.

Mil vidas si las tuviera
daría por poseerte,
y mil… y mil… más yo diera…
por amarte si pudiera…
con ese amor puro y fuerte
con que Tú, siendo quien eres…
nos amas continuamente.

 

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Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm

Decenario al Espíritu Santo (Dedicatoria a las almas consagradas al servicio del Señor)


DEDICATORIA A LAS ALMAS CONSAGRADAS AL SERVICIO DEL SEÑOR

 

Recibid este pequeño Decenario, como una manifestación del aprecio y estima en que os tengo. Y os aprecio y estimo tanto, porque sois la porción escogida de Jesucristo, divino Redentor nuestro. Animaos a entrar en esta escuela divina, donde nos enseñan a vivir como hijos de tan Santo Padre, como esposas de tan dulce Dueño y cómo debemos obrar los discípulos de tan Santo e inolvidable Maestro.
¡Oh lo que esta Trinidad augusta nos tiene ya preparado para el día que vayamos a aquella casa paterna a la celebración de nuestras bodas, cuya fiesta ha de durar por los siglos sin fin!
Recibid el cordial afecto que os tengo en el Padre que nos crió, en el Divino Verbo que nos redimió y en el Espíritu Santo, nuestro Santificador, a cuya Trinidad augusta sea dada toda alabanza, todo honor y toda gloria por los siglos sin fin. Así sea.

 

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Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm

Decenario al Espíritu Santo (Indice)


DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

Autor: Francisca Javiera del Valle

Fuente: http://www.dudasytextos.com/clasicos/decenario.htm


DEDICATORIA


ADVERTENCIAS PARA HACER PROVECHOSAMENTE ESTE DECENARIO

  1. ACTO DE CONTRICIÓN
  2. ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS 

DIA PRIMERO

DIA SEGUNDO

DIA TERCERO

DIA CUARTO

DIA QUINTO

DIA SEXTO

DIA SÉPTIMO 


DIA OCTAVO

DIA NOVENO

DIA DÉCIMO

DEDICATORIA A LAS ALMAS CONSAGRADAS AL SERVICIO DEL SEÑOR


PREMIOS DE ESTA ESCUELA

Reto de amor: arrodillarte


¡Buenos días!

Hoy nos lleva al Señor, Israel. ¡Que pases un feliz día!

El reto de hoy es arrodillarte
Hay una cosa que mi impacta mucho, y es algo que ya le he oído a varias personas comentárnoslo en el locutorio o por teléfono. Nos hablan de una necesidad de ver a Cristo en el día a día, en las cosas más sencillas, sobre todo es algo en lo que coinciden las mamás que trabajan en casa, pero que nos incumbe a todos y me ha hecho orarlo mucho.

Así que el otro día cuando me dí cuenta de que nos tocaba día de lavado me acordé de esto. El día de lavado es un día a la semana en el que el noviciado se dedica a primera hora de la mañana a seleccionar la ropa, dividirla, echar sprite quita manchas donde haga falta, poner lavadoras… y luego ir estando pendiente durante todo el día de sacar la ropa, seleccionar lo que va a la secadora, o a tender, volver a poner lavadoras si es necesario… así durante todo el día, o a lo poco, seguro durante toda la mañana.

Reconozco que estos días son los que más me pueden costar, no sé muy bien porque, pero es como que me da mas pereza y necesito orarlo con el Señor para hacerlo con su alegría, sino si fuera por mi siempre lo iría posponiendo.
El caso es que esta pobreza me ha ayudado mucho a buscar al Señor en eso, en las cosas sencillas, en las cosas más básicas que tu también tienes. Y ayer al bajar al lavadero le iba diciendo “te busco Señor, hoy en el lavadero, entre la ropa” y me surgió muy de dentro esta voz: “y pensar que te haces uno conmigo hasta para ir a lavar”. Me quedé sobrecogida.

Y enseguida me acordé de una charla en la que el predicador cuenta el ejemplo de una señora que le salían las tortillas buenísimas, las mejores que había probado, y que le preguntaron como las hacía y ella les dijo que con las tortillas “hay que arrodillarse”, necesitan su tiempo… y él explicaba que en realidad esta mujer hacía las tortillas dejando Espíritu Santo en ellas y por eso gustaban tanto.

Y sí, esto me surgía, que si todo lo que haga hoy lo hago teniendo muy presente que Cristo se quiere hacer uno conmigo “hasta en el lavado”, es decir hasta en lo que más me cuesta, o en lo que a veces creemos que no nos aporta nada el hecho de tener que hacerlo, es porque Él quiere dejar su huella en todos tus pasos, quiere que tu trabajes, sí, pero que el otro descubra algo más en esas cosas sencillas: amor, cariño, ternura, delicadeza, un trato especial que sólo Cristo nos puede regalar, y eso sí toca el corazón. Primero el nuestro para llenarnos y desde ahí el de nuestro alrededor.
Así que hoy ¿te atreverás a arrodillarte ante cualquier trabajo de tus manos para sea de Sus manos?

¡VIVE DE CRISTO!

Contemplar el evangelio de hoy (31/05/2013)


Día litúrgico: 31 de Mayo: La Visitación de la Virgen

Visitación

Texto del Evangelio (Lc 1,39-56): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

 

¡Muy buenos días nos de Dios a todos los hermanos!

La paz con todos vosotros. Papi Misericordioso, en la Virgen María pusiste tus ojos porque siempre fue pura de corazón, y la hiciste participe de la Grandeza de la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo, que vino a redimir a todos los hombres. Y nos dejaste a María como nuestra madre, desde la Cruz. Intercede Madre para que nuestro corazón sea humilde como el tuyo, y sepamos apreciar como Cristo nace en él, que la envidia, la soberbia se aparte y no convivan con la Grandeza del amor que Cristo tu hijo nos ha dado y que hagamos por intercesión tuya un corazón de carne para amar y esperarlo todo, por ti y por tu Hijo. Gracias por tus palabras.  Amén.

Te presento en este día a mis hermanos por los que rezaremos: Alberto, Raquel, Angelines,Ramiro, Adrian, Eva,  Dani, Evelyn, Mª José, Alberto,  Margarita, Juan Antonio, André, Luz María, Francisco, Miriam, Jenny, Juan Manuel, Laura, Elisa, P.Luis, P. Bernard, Adriana, Almudena, por mi y por todos nuestros hermanos.

Intenciones:

  • Orar por la paz.
  • Orar por la paz en el mundo.
  • Orar por la paz en las familias.
  • Por los sacerdotes.
  • Por el Papa Francisco.
  • Por las conversiones.
  • Por los bebes no nacidos.
  • Por los que no tienen problemas.
  • Por el aumento de la fe.
  • Por las almas del purgartorio,
  • Por seguir unidos a Dios todos los días de nuestra vida.
  • Por los enfermos y ancianos y por las personas que los cuidan.
  • Por los que todavía no confían plenamente en el Señor.
  • Por los pobres y desamparados.
  • Por la ciudad de Badalona
  • Por que la Buena Nueva llegue a los confines de la tierra.

Contemplar el evangelio de hoy (19/03/2013)


Día litúrgico: 19 de Marzo: San José, esposo de la Virgen María

El hombre en quien Dios confió

Texto del Evangelio (Mt 1,16.18-21.24a): Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado.

¡Muy buenas tardes nos de Dios a todos los hermanos!

La paz con todos vosotros. Papi Bueno, al nacer Jesús tuvo un padre José, que confiando en ti, se convirtió en su padre, y se mantuvo fiel a su repuesta de estar con María y con Jesús, desde un plano muy humilde y en segundo o menor plano. Señor que mi vida aunque en ella existan cosas que no entiendo sepa confiar como José en que esto es lo mejor para mi, ya que está en tus planes divinos, que no soy yo quien tiene que ser Grande sino tú. Gracias por tus palabras.  Amén.

Te presento en este día a mis hermanos por los que rezaremos: Luz, Juan Manuel, Elisa, Victoria, Jenny, P. Bernard, Adriana, por mi y por todos nuestros hermanos.

Si quieren que agregue nuevas intenciones o añadir a personas para la oración, agreguen sus comentarios o escriban.

Intenciones:

  • Orar por la paz.
  • Orar por la paz en el mundo.
  • Orar por la paz en las familias.
  • Por las conversiones.
  • Por los bebes no nacidos.
  • Por los que no tienen problemas.
  • Por los ladrones, violadores, asesinos, narcotraficantes para que su corazón sea transformado por Dios.