Contemplar el evangelio de hoy (04/02/2013)


Día litúrgico: Martes IV del tiempo ordinario

Santoral 5 de febrero: Santa Águeda, virgen y mártir

Talitá kum

Texto del Evangelio (Mc 5,21-43): En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

¡Muy buenos días nos de Dios a todos los hermanos!

La paz con todos vosotros. Papi Bueno, cada milagro es una demostración de tu poder, de tu amor, de tu búsqueda por cada uno de tus criaturas, no quieres que se aloquen sino que vivan en estado de Gracia y que demuestren con su vida la grandeza del Dios que da la vida por ellos. Amor hasta el infitito. Gracias por tus palabras.  Amén.

Te presento en este día a mis hermanos por los que rezaremos: Lourdes, Julia, Javi, Fernando, Adriana, Victoria, Pablo, Dani, Evelyn, Mª José,  Sara, Antonio, Alberto, Joaquín, Asif Alí Zardari, Asia Bibi, Mari Angeles, Santiago,  Franklin, Anita, Camilo, Mª Luisa, Eduardo, Javier, Angel, Hijo de Angel, Xavier, Juan Ramón, Asis, Alba, Laura, Pepichi, Belén, Mª Teresa, José Manuel, Miguel, María Ángeles, Esteban, Vanessa, David, Mª Teresa,Luz,  Margarita, Jenny, Inmaculada, Padre de Manuel, Cristina, Mª José, Clayreth, Emilio, P. Cándido, Lucas, P. Bernard, Carol, Elena, Juan Manuel, Gabriel, Elena, P. Luis de Jesús, Miguel Angel, Miriam, Mar,  Francisco, Nuria, Lali, Alejando,  Alfonso, Concha, Ángeles, May, Tacho, Rodrigo, Gonzalo, Azucena, Ester por mi y por todos nuestros hermanos.

Intenciones:

  • Orar por la paz.
  • Orar por la paz en el mundo.
  • Orar por la paz en las familias.
  • Por las conversiones.
  • Por los bebes no nacidos.
  • Por los que no tienen problemas.
  • Por el aumento de la fe.
  • Por las almas del purgartorio,
  • Por seguir unidos a Dios todos los días de nuestra vida.
  • Por los enfermos y ancianos y por las personas que los cuidan.
  • Por los que todavía no confían plenamente en el Señor.
  • Por los pobres y desamparados.
  • Por los bebes no nacidos.
  • Por que la Buena Nueva llegue a los confines de la tierra.
  • Por saberse hijos amados de Dios
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Salmo 127. Dichoso el que teme al Señor.


R/. Dichoso el que teme al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo,
será dichoso, le irá bien. R/.

Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa;
sus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de su mesa. R/.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
“Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida”. R/.