Reto de amor: herejía en el pasillo


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

HEREJÍA EN EL PASILLO

Fue una tarde de esas en que no hacía más que llover. Salí de mi celda de camino a la capilla. A pesar de los nubarrones del atardecer, aún entraba una luz tenue por la ventana, así que no encendí las luces del pasillo.

Nada mas doblar la esquina, vi una lucecita roja que bailaba. Inmediatamente supe que era una vela, colocada sobre… ¿una mesa? ¿una silla? No alcanzaba a distinguirlo.

No es raro ver estas velas por el convento. Es fácil encontrarlas a los pies de alguna imagen de un santo, cuando una hermana quiere pedirles un favor especial.

Pero había algo extraño… La vela estaba en medio y mitad del pasillo, ¡y ahí no hay ninguna imagen!

“¿Pero qué pinta aquí esta vela?”, me pregunté, “¿Será un altar al ‘Dios desconocido’? ¡Pero si eso ya está superado!”

Razonando así me acerqué… y resulta que el supuesto altar tenía algo que decirme:

-¡Clonc!… ¡clonc!… ¡clonc!…

Detrás del taburete había una palangana en el suelo… ¡recogiendo el agua de una gotera! ¡La vela sólo era un aviso para que nadie se tropezase!

¡Qué importante es acercarse, no interpretar! Sí, porque es muy fácil juzgar desde la distancia, según las apariencias. Pero la realidad esconde muchos aspectos que se escapan a nuestra mirada. ¡Hay que acercarse, preguntar, para descubrirlos!

Me impresiona mucho el pasaje del evangelio en que un ciego se presenta ante Jesús. Cristo le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?” ¿¿Acaso no era evidente?? Un ciego, puesto de rodillas ante Alguien que tenía fama de hacer milagros… ¿qué va a querer?

Pero Jesús no interpreta ni siquiera eso. Pregunta, deja que el ciego exponga su petición. Le ama, le escucha.

¿Y nosotros? Ante una mirada extraña, un comentario que suena raro… ¿qué hacemos? Podemos dar vueltas a la cabeza (“Por qué habrá dicho esto, será que está molesto conmigo… tal vez lo que le pasa es…”) o podemos preguntar. Esto supone acercarse, estar dispuestos a escuchar… ¡pero también abre la posibilidad de descubrir nuevas facetas de la realidad!

Hoy el reto del amor es suspender la interpretación. Te invito a que hoy no des paso a las interpretaciones. Cuando te salga interpretar las acciones o palabras de alguien, mira a Cristo y guarda silencio en tu interior. Y, si puedes, acércate a hablar con esa persona. ¡Tal vez es lo único que necesita! ¡Feliz día!

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

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Reto de amor: Secretos del revés


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

SECRETOS DEL REVÉS

Sigo dándole duro a mis clases de costura. Actualmente estoy batallando con unas florecitas decorativas en relieve que quedan muy monas en cualquier lado… en el hipotético caso de que consigas hacerlas, claro.

Y, lo que es la flor en sí, mal que mal, algo sale. Pero, lo que son las hojitas verdes alrededor… ¡es una odisea!

Había conseguido acabar ya una de las hojitas. Toda dispuesta me lancé a por la segunda. Por la parte de atrás, crucé el hilo hasta donde quería que saliese la hojita y…

-¿Pero qué estás haciendo? -me preguntó mi maestra costurera.

-Empezar la segunda hojita -dije muy convencida.

-Pero mira cómo has dejado el hilo por detrás… Tienes que retroceder el hilo por la primera hoja, ir cosiéndolo por el borde de la flor sin que se vea por delante, y así hasta que llegues al sitio donde nace la segunda hoja.

-Pero, sor Puri… ¡si eso luego no se va a ver!

-Mujer… ¿tú no sabes que a las buenas costureras se las reconoce por el revés? Por delante todo se ve bonito. Es en los hilos de atrás y en los remates donde se aprecia la verdadera elegancia.

Ante una explicación tan entusiasta, solo pude echarme a reír… y liarme a poner bonitos también los hilos por detrás.

Mientras lo hacía, recordé la historia de un hombre. Se dedicaba a tallar madera, y le contrataron en las obras de una catedral. Hizo unas obras preciosas. Pero, en una de las vigas interiores del techo, labró una imagen realmente espectacular. “¿Cómo te has esforzado tanto en esto? ¿No te das cuenta de que nadie lo va a ver?”, le dijeron. “Precisamente por eso”, respondió, “esto es lo que va a ver sólo Dios. Por eso tiene que ser lo mejor”.

¡Qué difícil es el trabajo escondido, cuidar esos detalles de los que nadie va a darse cuenta! Sin embargo, es precisamente ahí donde se demuestra el amor más grande, aquel que actúa sin esperar nada a cambio. Y, ¿cuántos detalles nos prepara el Señor a lo largo del día… aun sabiendo que no nos daremos cuenta?

Hoy el reto del amor es cuidar los hilos que nadie ve; es decir, esos actos que estamos seguros que ve el Señor. Tal vez los aprecie sólo Él, pero, precisamente por eso, ¿no deberían ser los que más cuidemos? Hoy haz un pequeño acto de amor sin que nadie se dé cuenta, ¡sólo para el Señor! ¡Feliz día entre bastidores!

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

Reto de amor: en movimiento total


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

EN MOVIMIENTO TOTAL

El otro día escuché una charla sobre “los atributos de Dios”. Admito que no estaba prestando mucha atención, sino que, a la vez, iba barriendo el refectorio (comedor).

Tras un rato, el sacerdote comentó que quería centrarse en un atributo de Dios: la inmutabilidad.

No sé a ti, pero lo que es a mí, la atención activa se me fue a pique del todo. No discuto que Dios sea inmutable… pero es que eso, personalmente, no me supone mucho que digamos. No me mueve nada, ni por dentro ni por fuera. Más bien, me deja también “inmutable”.

Sin embargo, el sacerdote (que, hasta el momento, llevaba un tono bastante apagado), ¡se entusiasmó sin poder disimularlo! Comenzó a decir que, el que Dios sea inmutable, ¡es garantía de su Amor!

“Es como si el amor de Dios se hubiese ‘petrificado’ el día de tu bautismo”, explicaba. “Entonces el Señor te vio puro, inmaculado, limpio… y te adoptó como auténtico hijo suyo, te regaló toda la inmensidad de su amor, te amó hasta el extremo, y lo hizo para siempre. No hay vuelta atrás. Hagas lo que hagas, Dios ya no puede quererte menos… porque su amor es inmutable”.

Con semejante explicación, ¡vamos que si me movió! ¡El corazón se me saltaba del pecho de alegría! ¿Quién iba a adivinar lo que escondía el término “inmutable”?

Orándolo más tarde, caí en la cuenta de que nosotros sí que vamos cambiando. Es más, el amor que se queda quieto, acaba muriendo. ¡El Señor nos invita a ir creciendo cada día! Y, aunque nuestro amor sea más pequeño, Cristo nos regala que tenga su propia grandeza: precisamente porque no somos inmutables, nosotros estamos llamados a decir “te quiero más que ayer”.

Hoy el reto del amor es crecer en el amor. Y, como el amor no tiene límites, ¡es una aventura para toda la vida! Te invito a que hoy tengas un detalle de cariño con el Señor (una oración, una mirada agradecida, una visita al Santísimo…) y con esa persona especial en tu vida. Por la noche, da gracias a Jesús por su amor inmutable… y cierra el día pronunciando “te quiero más que ayer”. ¿Repites mañana? ¡Feliz día!

¡VIVE DE CRISTO!

Pd: Queremos aprovechar también para felicitar a sor Matilde el día de su cumpleaños. Gracias por tus años de fidelidad al Señor, por tu experiencia labrada en oración… ¡y gracias por haber querido compartir con nosotros tu vivencia de Cristo a través del Reto! Que el Señor te llene de bendiciones, ¡y de muchos años más! ¡¡Feliz cumpleaños!!

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¡Feliz día!

Reto de amor: mutaciones


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

MUTACIONES

Mientras estaba en la cocina, por la ventana llegaron unos alegres ladridos desde la huerta. Me asomé a mirar y…

-¡Oh, no! ¿Quién eres tú y qué has hecho con nuestro perro?

Jubi me miraba moviendo el rabo con entusiasmo, sin percatarse de la gravedad de la situación. Las patas y el morro, habitualmente blancos… ¡ahora eran de color negro!

Al parecer, nuestra beagle había encontrado el saco de hollín que había salido de la limpieza de la chimenea, y no se le ocurrió mejor cosa que meterse dentro a husmear. No tiene remedio…

La verdad es que llega la época en que Jubi cambia de color con facilidad. Sí, pronto habrá que empezar a cortar la hierba, y no hay cosa que más le guste que revolcarse en la hierba recién cortada, que, por cierto, segrega el famoso verdín, que mancha de lo lindo… ¿Quién dijo que un perro verde era algo raro?

O, cuando empieza el calor, le apasiona meterse en la huerta cuando acaban de regarla, y salir de barro hasta las orejas. ¡Esa es la versión marrón de Jubi!

De pronto he caído en la cuenta de que esto mismo es lo que nos pasa a nosotros. Lo que tenemos a nuestro alrededor, aquellos con quienes estamos, ¡pueden modificar nuestro color! “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán. Y, si esto se da entre hombres, ¡cuánto más con el Señor!

Estando ratos con Él, sin saber cómo, se nos va pegando su forma de ver las cosas, su paz, su compasión… ¡su amor por todos!

“Venid a mí”, nos dice Jesús en el evangelio. Y es que su sola presencia tiene poder para transformarnos, para quitar las manchas, para llenar de brillo nuestro color. En el Sagrario, el mismo Cristo que caminaba por Galilea te espera.

¿Y tú? ¿Con quién andas?

Hoy el reto del amor es buscar un Sagrario y sentarte un ratito con el Señor. ¡Él ya está deseando que llegue ese momento! No hace falta que le digas nada, basta con que estés a su lado. Te aseguro que unos minutos Le bastarán para que tu corazón brille con un nuevo color. E, igual que Jubi iba luego manchando por donde pisaba, ahora que tú rebosas de Su amor, ¡lo irás contagiando por donde pases! ¡Feliz día!

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

Reto de amor: atrapados


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

ATRAPADOS

El calor ha llegado tan repentinamente… ¡¡que no nos acabamos de creer que hemos salido del invierno!!

Precisamente el otro día, en el recreo, empezamos a comentar lo “inapropiado” de nuestro vestuario:

-Pues yo aún llevo la medias de invierno.

-¡Uf! Yo sigo poniéndome tres jerseys…

-La cuestión es que hoy hemos pasado de los 20 ºC, y casi me asfixio de la ropa que llevo…

-¡Ya, claro! Pero, con el frío que hacía hace tres días… ¡a ver quién se atreve a quitarse ropa!

De pronto me di cuenta de lo que ocurría: ¡¡seguimos con miedo al frío!! Aunque las temperaturas ya sean del todo agradables, da la sensación de que el invierno pudiera volver en cualquier momento.

Admito que la peor de todas soy yo, que sigo con más capas que una cebolla y en cualquier momento me van a encontrar derretida. Pero, ¡ay!, es que no reúno valor por las mañanas para ponerme un jersey menos. Porque, ¿y si hoy no hace calor?

Dando vueltas a esto en la oración, descubrí… ¡¡que me he quedado atrapada en el pasado, en el frío!! Por eso sigo agarrada a mis jerseys y a mis medias, sin llegar a disfrutar de la primavera.

¡Y cuántas veces puede ocurrirnos esto! Jesús es la verdadera Primavera, es realmente la Vida que renace. Él actúa en nuestra historia, sanando nuestras heridas, abrazando nuestro pasado… ¡cada mañana nos regala empezar de nuevo!

Pero, ante esta oferta de Vida, también llama a nuestra puerta la tentación de quedarnos en el pasado: los errores de ayer, lo que hiciste mal, lo que no deberías haber dicho… y el único fruto de este camino es la tristeza.

El Señor dice que “arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados” (Mi 7, 19), “ya no me acordaré más de sus crímenes y delitos” (Is 43, 25)… porque, en este día quiere hacer de ti “una criatura nueva” (2 Co 5, 17): “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 15).

¿Crees en el poder del perdón de Jesucristo? ¿Te quedarás anclado en el pasado… o creerás que ha llegado la Primavera?

Hoy el reto del amor es que comiences el día como una persona nueva porque… ¡Cristo te regala un día nuevo! Deja en Sus manos el ayer, acércate al sacramento del Perdón si lo necesitas, y hoy deja que Cristo ponga tu contador a cero para volver a disfrutar, volver a apostar por el amor. De repente, ¡volverá el calor a tu corazón! Cree en su amor, disfruta de la vida nueva que Cristo te regala. ¡Feliz día!

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¡Feliz día!

Reto de amor: preparación muscular


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

PREPARACIÓN MUSCULAR

Nada más salir de la cama, sentí que me habían caído, por lo menos, 50 años más de golpe. Fue estirarme un poco y…

-¡Ay! Mi espalda…

Me agaché para coger los zapatos y…

-¡Ay, ay, ay! ¡Qué dolor de piernas!

Tratando de aliviarme, quise sentarme en la silla, pero, al doblar las rodillas…

-¡¡Aaaaaaaaayyyyyy!! ¡Me muero! ¡De esta me muero!

Ya calzada, no encontraba fuerzas para volver a ponerme en pie. Quise ayudarme de los brazos, pero…

-¡¡Ay, ay, aaaaaaaayyyyy!!

Ya te digo; lo menos, 50 años más de golpe. ¿Que qué me pasaba? Pues que el día anterior había estado de cocina, lo di todo… y me desperté con agujetas hasta en la lengua.

Ese día, caminar sin parecer un robot, ni hacer muecas con la cara, ni resoplar al sentarme o levantarme… ¡era toda una proeza!

Lo cierto es que, por ganas, me habría quedado en la cama todo el día. Pero, ya lo decía mi antiguo profesor de Educación Física: ¡las agujetas se quitan con más agujetas!

“¡Ay, Señor, lo que hace la falta de costumbre!”

De pronto descubrí… ¡que nos pasa exactamente igual en la vida de nuestra alma! Puede ser que un día sientas en tu corazón que el Señor te invita a sonreír a esa persona que te cae un tanto antipática. Tal vez te animes a ello pero, ¡cómo cuesta! Y más si no recibes una respuesta amable: ¡ahí sí que puedes acabar con buenas agujetas en la cara y en el alma!

Pero, un acto que se repite da lugar a un hábito: cada vez nos cuesta menos realizarlo. Igual que en el deporte, que a medida que se practica, cada vez se tienen menos agujetas; cada vez que se apuesta por amar, es una victoria hacia un Amor más grande, ¡hasta poder entregarnos con alegría!

Sin embargo, como en el deporte, nuestra alma también necesita cierta “preparación muscular” antes del esfuerzo. En el caso de un ejercicio físico, se recomienda tomar agua con azúcar para evitar las agujetas, ¿no? ¿Y no decía Israel hace un par de días que Jesús es como el azúcar? ¡Pues eso! Para poder apostar por amar, la preparación es empaparse del amor del Señor…

Hoy el reto del amor es sonreír a esa persona que te resulta complicada y con la que te encuentras todos los días. ¡Pero recuerda prevenir las “agujetas”! Antes de nada, dedícale unos minutos a Cristo, ¡déjate querer por Él! Él no pone límites a su amor por nosotros… ¿pondremos nosotros límites a nuestro amor a los demás? ¡Feliz día!

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

Reto de amor: impuntualidad redimida


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

IMPUNTUALIDAD REDIMIDA

En la oración de la mañana, ya a punto de acabarla, me puse a organizar un poco el plan del día con el Señor. Me di cuenta de que, si me organizaba bien, podría sacar un ratito extra de oración por la tarde.

-Quedamos a las seis -le susurré sonriente a modo de despedida.

Pero después me fui enredando con las tareas del día… y me despisté. A las 6:30 llegaba a la puerta de la capilla a toda velocidad.

“¡¡Que ya llegoooo!!”, iba gritando por dentro.

Me senté cerca del Sagrario.

“Ay, Señor”, le dije, “menos mal que tú siempre esperas…”

Pero de pronto un pensamiento terrible cruzó por mi mente. “¿Le habrá molestado mi retraso? No he cumplido mi palabra… ¿Estará triste, molesto…?”

Aquellas preguntas me quitaron la paz. Rápidamente miré al Sagrario.

“Bueno”, le dije, “san Juan escribió que ‘Dios es amor’… y una persona enamorada no se entristecería por el retraso de quien ama; ¡saltaría contenta fijándose en su llegada!”

Sin embargo, aquello no era más que una suposición mía… Volví a mirar al Sagrario. Entonces un pensamiento, mucho más fuerte que todos los anteriores, me iluminó por dentro como un rayo:

“El amor es paciente…” (1 Co 13, 4)

Y, si Cristo es amor… ¡Cristo es paciente!

Eso no eran meras conjeturas: ¡es la Palabra de Dios! ¡Ese rato de oración se convirtió en una maravillosa acción de gracias!

Qué delicado y cuidadoso es el Señor con nosotros. Quiere que podamos conocerle y busca mil modos de estar a nuestro lado: en la Eucaristía, en los hermanos… Pero sabe que el ser humano es “el ser en relación”, ¡la comunicación forma parte de nosotros! Verdaderamente Jesús nos habla al corazón, pero también nos ha dejado un medio seguro para hablar con Él, para escucharle, para conocerle: su Palabra.

San Agustín dice que la Biblia es algo así como otra “encarnación”: igual que Dios se hizo hombre, la Palabra eterna se hizo palabra escrita. ¡Tienes una carta del Señor para ti en su Palabra!

Hoy el reto del amor es leer un fragmento de la Biblia, ¡busca lo que Cristo quiere decirte, lo que quiere que conozcas de Él! Puede ser el evangelio o un pasaje que te guste. El texto que a mí me tocó el corazón fue 1 Co 13, 4-8. Te invito a leerlo despacio. Y, si quieres asombrarte del todo… donde dice “amor” (o “caridad”) prueba a leer “Jesucristo”. ¡Te sorprenderá!

¡VIVE DE CRISTO!

Pd: Si no tienes una Biblia a mano, puedes leer el pasaje de san Pablo aquí (yo leí del versículo 4 al 8):

https://www.bibliacatolica.com.br/es/la-biblia-de-jerusalen/i-corintios/13/

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¡Feliz día!

Reto de amor: luces y sombras


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

LUCES Y SOMBRAS

6:15 am. Oscuridad total en el convento. Recién duchada, salgo del baño. La puerta da a un larguísimo pasillo, que gira al final. Junto al baño, a mano izquierda, un enorme portón que lleva a los claustros. A la derecha, dos escaleras; una sube al dormitorio, la otra baja a los sótanos. Y, pasando las escaleras, el interruptor de la luz.

¿Qué significa eso? Que, cada mañana, dejo la luz del baño encendida, avanzo cinco pasos, doy la luz de la escalera, retrocedo a apagar la luz del baño y vuelvo para subir al dormitorio. Todos los días. Un baile.

A esas horas mi imaginación me juega malas pasadas. Yo intento razonarme que no hay nadie, que no pasa nada por dar cinco pasos a oscuras…

El otro día me sentí preparada. “Rambo a mi lado es Heidi”, me dije, y me lancé hacia el pasillo… pero volví a dejar la luz del baño encendida. “Bueno, mejor mañana…”

Y, cuando llegaba a dar la luz de la escalera… un movimiento. Del pasillo, justo enfrente de mí, emergió una sombra.

-¡Buenos días! -me saludó amablemente la hermana.

Casi tienen que despegarme del techo con una cucharita. Tal fue el bote que di.

Cuando superé la taquicardia, pude razonar lo sucedido. Esta hermana había ido a poner en marcha la lavadora. Al volver, la luz del baño le alumbraba el pasillo, por lo que veía perfectamente. Pero yo, que salía de la luz a la oscuridad, ¡no la vi hasta que la tuve encima!

¡Y así es el Señor! Él es “la luz del mundo”. Lo curioso es que Él mismo nos indicó: “sígueme”. Y, efectivamente, la hermana (que tenía la luz delante) veía perfectamente… ¡mi problema fue que dejé la luz a mi espalda!

Muchas veces nos gustaría avanzar más rápido, pero el Señor marca sus ritmos, ¡y no hay cosa peor que adelantarle! Si dejas que Él vaya por delante, podrás ver, en los demás, hermanos dignos de saludo y respeto. Pero, si te dejas a Cristo por detrás, sólo encontrarás… ¡sombras y pesadillas!

Hoy el reto del amor es dejar que Cristo vaya por delante. ¡Deja que su Luz ilumine tu camino! Te invito a que hoy, ante una conversación (con un amigo, con tu hijo…) te des unos minutos para orar. Pídele al Señor que ponga las palabras adecuadas en tu boca, ¡y que te ilumine para ver hermanos, un regalos que Él te ha puesto en el camino! ¡Feliz domingo sin monstruos ni pesadillas!

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!

Reto de amor: pregoneros de la luz


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

PREGONEROS DE LA LUZ

¡Cómo me gusta la Octava de Pascua! Estos ocho días celebrados como si fuesen Domingo de Resurrección, ¡me apasionan!

Lo cierto es que están marcados por un montón de pequeños detalles. Este año ha habido uno que me ha tocado muy especialmente.

Fue a primera hora del Domingo de Resurrección. Tras la tradicional procesión por el claustro con el Cirio y las velas encendidas, entramos en la capilla. Yo esperaba que empezase a sonar el órgano con la música de Laudes, y, sí, el órgano comenzó a cantar… ¡pero era una melodía totalmente diferente!

¿Sabes qué es lo primero que cantamos juntas el Domingo de Resurrección? ¡¡El Regina Coeli!!

Con la de Pascuas que he vivido en el monasterio… ¡y no me había fijado en este detalle! Lo primero que hacemos tras la Resurrección de Cristo es… ¡darle la buena noticia a su Madre!

Yo me hago a la idea que llegamos tarde. Me imagino que Jesús, que es el mejor Hijo, se encargaría de dar la sorpresa a María personalmente. Pero me gusta imaginar la sonrisa de la Virgen al vernos llegar a esas horas de la mañana a cantarle: “Reina del Cielo, ¡alégate!”

De pronto me sentí pregonera de la mejor noticia, una noticia que sale del alma anunciarla. La noche anterior, en la Vigilia, anunciábamos la alegría a los ángeles, a la Iglesia; en esa mañana se la cantábamos a la Virgen… ¡pero el remate vino con los evangelios de estos días!

“Id a comunicar a mis hermanos…”, “Anda, ve a mis hermanos y diles…” Tenemos la mejor noticia, ¡y el mismo Cristo nos envía!

Realmente hay muchos hermanos que viven en las tinieblas de la tristeza, del sinsentido. Muchos necesitan escuchar que hay esperanza, que no hay callejones sin salida, porque Jesucristo es el Camino. En Jesús tenemos el amor más grande, un amor capaz de superar todas las pruebas, un amor que vence todas las muertes. Cristo ha demostrado que eres amado sin límites.

Hoy el reto del amor es llevar algo blanco. Sí, puede ser una camisa o jersey, o puedes atar un pañuelo blanco a tu bolso o una cinta blanca en tu muñeca. Algo que te recuerde que te has encontrado con el Resucitado, ¡con la Luz que destruye toda oscuridad, con la fuente de la alegría! Deja que Cristo encienda su Fuego en tu corazón. ¡Hoy lleva su Luz adonde vayas! ¡Feliz día!

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Reto de amor: si hubiera estado allí


Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

SI HUBIERA ESTADO ALLÍ

Hoy es un día muy especial en el monasterio y en toda la Iglesia. Hoy es Viernes Santo. Es un día para acompañar al Señor.

En estos momentos me gusta escuchar una canción que se titula “Si hubiera estado allí”. Cuando era pequeña, en este día imaginaba que viajaba en el tiempo a ese primer Viernes Santo. “Si hubiese estado allí, ¡habría defendido a Jesús!”, me decía. ¿Y quién no ha pensado lo mismo?

Pero, después, te vas haciendo mayor, y entonces cambia la pregunta… Porque, ¿quién no ha traicionado a Cristo? ¿Quién no le ha negado? ¿Quién puede decir “Yo no le he fallado nunca”?

Nadie. Hoy san Pedro podría dirigir a nosotros esas palabras: “¡Vosotros crucificasteis a Jesús de Nazaret!” (Hch 2, 23).

Este pensamiento podría invitar a hundirse en la miseria… sin embargo, ¡se trata de todo lo contrario!

Cuando te escogió, Cristo conocía ya tu debilidad y pobreza. Él sabía de todas tus negaciones antes de que las cometieras, como conocía también las de Pedro. He ahí la grandeza de Jesús: ¡Él nos amó primero! Nos amó antes de que pudiésemos merecerlo o corresponderle. Contó con nosotros, conociendo incluso nuestras caídas.

Si nos amó cuando éramos enemigos, si pidió nuestro perdón mientras le crucificábamos, eso significa que no tenemos que ganarnos su amor, porque nos lo regala. Ha quedado realmente demostrado: ¡no podemos hacer nada para que deje de amarnos!

Jesús sufrió y murió libremente, por amor. No por casualidad, o por necesidad… ¡por amor! Todo este día nos habla del amor incomprensible e incondicional de Cristo por nosotros.

Si te lanzases a preguntar a Cristo “¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por mí?”, la respuesta del Señor sería inmediata: “Hasta el extremo”.

Hoy la sangre de Cristo nos limpia, nos purifica, ¡nos convierte en hijos amados de Dios! Él ha muerto tu muerte para darte su Vida. ¡Estamos salvados en la sangre de Cristo!

En este día, el Señor quiere perdonarte, salvarte, hacer de ti una criatura nueva. Es el momento de dejar en la cruz todas tus máscaras, tus heridas, tus pobrezas, tus debilidades. Todo lo que te está matando, todo, entrégaselo a Cristo. Porque Cristo está clavado en la Cruz por todo eso. Lo conoce aunque se lo quieras ocultar. Entrégaselo para que Cristo cargue con ello, ¡es lo que Él desea ardientemente! Que dejes tu sufrimiento en su Cruz, que le dejes morir por todo ello, que le dejes presentárselo al Padre. Cristo quiere morir en tu lugar. Libre y voluntariamente, Él quiere morir por ti.

Lo mejor es que la Historia no termina aquí. La cruz no es un punto final; es el puente que nos lleva más allá. Ése es el gran secreto, nuestra mejor arma: por muy mal que veamos hoy las cosas, sabemos que la victoria está de nuestro lado. Cristo triunfará sobre la muerte. Y, todas las muertes que hemos puesto en su cruz… resucitarán en vida nueva.

Hoy el reto del amor es que te dejes salvar. Pon en la cruz de Jesucristo todo lo que causa en ti muerte, tristeza… Él hoy te ofrece a cambio su Vida. ¿Aceptarás el intercambio?

¡VIVE DE CRISTO!

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¡Feliz día!